Mejor dicho

Mejor dicho

Diciembre 17, 2015 - 12:00 a.m. Por: Benjamin Barney Caldas

¿Los derechos de los animales? No será mejor decir los deberes de los hombres para con los animales. Y, además, a los animales no se los asesina (matar a alguien con premeditación, alevosía, etc.) si no que sólo se los mata (quitar la vida), incluso para que no sufran cuando están muy enfermos o viejos, lo que se considera un acto de bondad pero que cuando se intenta entre los seres humanos aquí todavía es un asesinato. Homicidios (muerte causada a una persona por otra) culposos (como consecuencia de la conducta de uno de ellos; o de los dos) es lo que abunda hoy en las calles; accidentes (sucesos eventuales que alteran el orden regular) se los llama pese a que evidentemente no son tales.Y la cacareada movilidad (cualidad de lo movible, que a su vez es lo que puede moverse) es EN la ciudad y no DE la ciudad, la que es preferible que no se mueva pues los temblores, y mas aun los terremotos, comprometen precisamente la movilidad DE la gente dificultando la rápida evacuación de los edificios. Transitar por la vías públicas, la gente por los andenes y los carros por las calzadas, era lo que se usaba antes, pero si bien es cierto que ya no hay andenes suficientes ¿no será que aquí tampoco hay gente (conjunto de personas de un lugar) urbanizada de verdad? Los lugares y su gente son necesariamente inseparables en una ciudad, influyéndose mutuamente para bien o para mal.¿Autopistas? (carreteras con calzadas separadas para los dos sentidos de la circulación, cada una de ellas con dos o más carriles, sin cruces a nivel y con vallas de seguridad en sus costados, destinadas exclusivamente al tránsito de vehículos automotores). Aquí lo que hay si acaso son autovías (cuyas entradas y salidas no se someten a las exigencias de seguridad de las autopistas, ni están cercadas) por las que circulan y se cruzan toda clase de animales y que tienen peajes como si fueran autopistas de verdad, los que tal parece que son los más caros del mundo y además obligatorios pues no suelen contar con vías alternativas secundarias pero sin peaje, como sucede en todas partes.Nuestras ciudades, como es el caso extremo de Cali, es menos lo que se desarrollan (incremento de orden físico, intelectual o moral) que lo que evolucionan (pasar de un estado a otro), lo que no siempre significa progreso (avance, adelanto, perfeccionamiento) y menos aun modernidad (una época reciente) pues ya estamos en la posmodernidad (movimiento cultural que, originado en la arquitectura, se ha extendido a otros ámbitos del arte y de la cultura del Siglo XX, y se opone al funcionalismo y al racionalismo modernos) y una época signada ineludiblemente por la sobrepoblación, el cambio climático, la reducción de la biodiversidad, la globalización y el terrorismo a gran escala.“Yo nunca pienso en el futuro. Llega demasiado rápido”, decía Albert Einstein, pero el caso es que ya está aquí: una realidad que muchos prefieren no ver para no tener que pensar, pues como él remató, pensando acertadamente: “¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio” (opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal). Menos mal que ya no se insiste tanto en decir sustentable (que se puede sustentar o defender con razones) en lugar de sostenible (que puede mantenerse por sí mismo) que es, mejor dicho, en donde esta la clave (idea por la cual se hace comprensible algo que era enigmático) para un futuro viable.s

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