‘Megaparque’

Enero 13, 2011 - 12:00 a.m. Por: Benjamin Barney Caldas

Los arquitectos Sara María Giraldo, Heinz von Halle y el autor de esta columna, propusimos hace varios años, en el concurso para la Manzana T, bajar la Avenida 2 N al nivel de la entrada al estacionamiento del CAM, desde el edificio Las Ceibas hasta antes del Conservatorio, unir por encima el Paseo Bolívar a la Plazoleta del correo, y prolongar el puente peatonal del CAM hasta el proyecto presentado, que incluía una nueva sede para Emcali, un gran estacionamiento público y la renovación de los edificios recientemente dinamitados sin los permisos pertinentes. Y después, con el arquitecto Óscar Mendoza, retomamos para el Plan del Centro Global, el paso por debajo de la Avenida Colombia, ya planteado en un concurso anterior, pero desde la Calle 5 hasta La Ermita, para el tráfico rápido, y recuperar la avenida como un ‘paseo’, con menos carriles, andenes mas anchos y arborizados, y pasos pompeyanos en la 11 y la 12 con semáforos peatonales, permitiendo seguir entrado y saliendo al Centro por ese costado. La gran zona verde del CAM, limitada hoy por tráfico pesado -o por el malecón desproporcionado y sin animación, y de ahí inseguro, propuesto ahora- quedaría unida al Norte y Sur de la ciudad, convertida en un ‘parque central’ que ayudaría a recuperar el Centro junto con la renovación de El Calvario. O la del Hoyo-Piloto, aún posible con el plan de vivienda que necesita el Centro, propuesto hace varias décadas, bajo la dirección técnica del autor de esta columna, por la Empresa de Renovación Urbana de Cali, creada con tal propósito, pero abortado demagógicamente por el alcalde siguiente y la presión de los constructores de vivienda en los suburbios. Sería el Parque Lineal del Río Cali, ideado por la arquitecta Liliana Bonilla cuando fue directora de Planeación, desde el Jardín Botánico y el Zoológico hasta la vieja Licorera, en la que es imperdonable que no se hubiera localizado el Centro de Eventos. Y a continuación estaría el gran parque regional que algún día podrán tener Cali y el Valle, también propuesto aquí, alrededor de la Base Aérea, trasladando sus aviones de combate a Palmaseca, pues su Escuela de Aviación perfectamente podrá permanecer allí con su pista. Pero todas esas obras implican un impacto en el trafico de la ciudad y los barrios adyacentes, entre ellos su Centro histórico, durante el par de años que duraría la construcción de cada una, y por supuesto no pueden ser simultáneas. Por eso antes se ha debido terminar y ampliar el par vial de las calles 25 y 26, prolongándolo hasta Jamundí y Yumbo, a lo largo del corredor férreo, como se propuso en esta columna, e incluso la mentada Autopista del Bicentenario que por lo visto se quedó para el 3010. Es decir, que se trata de un plan de obras que no se puede improvisar, como se está haciendo ahora, y que abarca mucho más del corto periodo de un alcalde. En conclusión, las grandes obras públicas que sí necesitan nuestras ciudades sólo es posible hacerlas bien con la reelección seguida de sus alcaldes. Les daría tiempo de planearlas, socializarlas y ejecutarlas correctamente, y los ciudadanos podrían reaccionar a la corrupción del ‘carrusel’ de la contratación no reeligiendo a los que se presten a ella, por lo que lo pensarían mejor.

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