La vivienda

Julio 28, 2011 - 12:00 a.m. Por: Benjamin Barney Caldas

Con el Movimiento Moderno en arquitectura, a principios del Siglo XX, la vivienda fue objeto por primera vez del trabajo de los arquitectos, después de más de diez milenios de ser apenas una artesanía con frecuencia maravillosa. Antes los arquitectos sólo levantaban palacios y castillos para los poderosos o, más recientemente, para los burgueses ricos originados por la revolución industrial del XVII. Hoy en día la mayoría de las construcciones en las ciudades, en las que en países como Colombia vivimos cerca del 80% de sus habitantes, están destinadas a la vivienda, y en la mayoría están involucrados de una u otra manera los arquitectos.Algunas viviendas están localizadas a las afueras de las ciudades y muchas en sus suburbios, pero la mayoría están en sus nuevos desarrollos, sus barrios tradicionales, y unas pocas en sus centros históricos. Y en mayor o menor grado dependen de sus climas, paisajes y tradiciones urbano arquitectónicas, aunque cada vez menos debido a la globalización de comportamientos, sistemas constructivos y gustos. Son viviendas permanentes, unifamiliares, como las casas, o multifamiliares, como los apartamentos, pero también transitorias como los hoteles, las residencias universitarias o las casas de fin de semana, amén de cuarteles, refugios y viviendas de emergencia.Sus programas suelen ser amplios y complejos. Abarcan la vivienda familiar misma, pero también contienen sitios para trabajar, estudiar o recrearse, y para guardar los carros y los checheres que acumulamos. En ellas habitan hombres y mujeres, desde niños y adolescentes hasta adultos y ancianos, los que ocasionalmente pueden estar enfermos o convalecientes, o eventualmente ser discapacitados, y están los diferentes tipos de visitantes y huéspedes. Y por supuesto es imprescindible su funcionalidad, confort, privacidad y seguridad, pero también su belleza y significado.La gran mayoría suelen ser construidas mediante materiales, componentes y elementos que conforman los sistemas tradicionales, y tienen distintos cerramientos, puertas y ventanearía, como entresuelos y cubiertas, todos generalmente también tradicionales, pero sólo en el último siglo incluyen diferentes redes de agua, alcantarillado, energía, gas y telecomunicaciones. Sus terminados y formas son múltiples y reflejan las pretensiones y estatus de sus propietarios, pues son, con los carros y vestidos, su símbolo en la sociedad y de ellos depende su prestigio. De ahí que en la vivienda lo funcional, lo constructivo y lo simbólico estén tan íntimamente relacionados.Pero hoy siguen más las modas promovidas por la industria inmobiliaria para garantizar su obsolescencia programada, igual que pasa con los carros y los vestidos. La vivienda, que antes era solamente una necesidad, se volvió también un negocio que lamentablemente afecta su funcionalidad y economía, y su permanencia en las ciudades. Esta ‘renovación urbana’ no planificada pero sí permanente, es lo que más afecta la infraestructura de servicios, la vialidad y el transporte público, lo mismo que la memoria colectiva de los ciudadanos y su arraigo con su respectiva ciudad, con graves consecuencias en términos de seguridad y calidad de vida, como son las que vivimos ahora en nuestras ciudades.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad