La salida al mar

Diciembre 09, 2010 - 12:00 a.m. Por: Benjamin Barney Caldas

Esta larga carretera de Cali a Buenaventura, quizás la más importante del país, es reflejo de Cali, el Valle y Colombia. Recorre muy diferentes topografías y climas que producen variados, bellos y contundentes paisajes. Primero se sube rápidamente serpenteando entre los montes agrestes de la enorme Cordillera Occidental, inmersa en la niebla o las nubes o a pleno sol, o se baja hacia la espectacular vista de la amplísima planicie del valle del río Cauca enmarcada por el cañón del río Cali, y a continuación, descendiendo por su otra vertiente, mirando a Dagua, poco a poco se transforma en una suave pendiente hacia el mar que se va llenado de una cerrada y muy húmeda selva tropical contra el Océano Pacifico, que no es tal con sus aguaceros diarios, densos y mágicos, y sus grandes tormentas vespertinas mar adentro cuyos destellos incluso se perciben desde la Cordillera Central al otro lado del valle del río Cauca. La biodiversidad a todo su largo es una de las mayores del mundo y aunque poco se ve, sí que se puede oír cuando uno se detiene y, sin duda, se siente. Pero la llamada ‘Portada’ es una vergüenza y su doble calzada, urgente y ya diseñada, curiosamente no fue una de las megaobras, y la ampliación desde Loboguerrero es un permanente derrumbe. No se usaron más viaductos y túneles, por su costo, y se hicieron cortes en un terreno cuya inestabilidad es bien conocida, resultando más cara y demorada. La subida al 18 es usada por las mañanas por muchos ciclistas aficionados, que van por la calzada pues no hay casi bermas e incluso con un carro guardándoles sus espaldas, obstaculizando el tráfico, y los sábados y domingos nutridos pelotones juran que están en la Vuelta a Colombia. La Ley dice 120K/H, pero una única señal indica 30 que es como estar parado. Los carros violan en cualquier parte la doble línea amarilla para adelantar, pues no se suspende nunca, y ‘cortan’ las curvas invadiendo peligrosamente el carril opuesto. Los vehículos lentos no dejan espacio para poderlos pasar, y los camperos y busetas de transporte público paran donde se les da la gana pese a Sirirí. Para no hablar de los motociclistas ni de los atracos de hace unas semanas.La calzada es usada para revolver mezcla para construcciones ilegales, algunas de varios pisos, y sus estrechas bermas, donde las tiene, se invaden para instalar ventas o, peor, se excavan entradas y hasta improvisados garajes que desestabilizan los cortes de la carretera y hay sectores que se están hundiendo. Su burda iluminación por partes, casi siempre sin funcionar, y dañando el paisaje con sus postes torcidos, restos de cometas y cables descolgados, es parte del ‘carrusel’ de contrataciones, como la reconstrucción de bermas que están en buen estado en lugar de tapar los muchos huecos de la vía. Y las autoridades tampoco se ocupan de Terrón Colorado y demás invasiones, esperando que terremotos como el de Popayán o Armenia y la contaminación del río Cali les toquen a otros. La Salida al Mar fue lo que llevó a Belalcázar a fundar a la ciudad en donde está y el Valle del Cauca cada vez depende más del Pacífico, pero todo se queda en un nombre tonto a un centro de eventos en medio de un cañal o hablar de un ‘ecopuerto’ en un parque natural.

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