La Quinta

Agosto 18, 2016 - 12:00 a.m. Por: Benjamin Barney Caldas

Viniendo del Sur, la Calle Quinta, que resuena en Cali como la famosa sinfonía de Beethoven, se estrella contra la Avenida Colombia no quedando más que bajar al paso subterráneo, que no túnel, o seguir a nivel para voltear por la Cuarta e iniciar un estrafalario zigzag si se quiere pasar al otro lado del río. Hay que ir hasta la parte de atrás del Hotel Intercontinental devolverse por su frente a donde se estaba, cruzar el río y de nuevo pasar enfrente del hotel, y devolverse otra vez para llegar hasta la ex Plazoleta del Correo para seguir al Norte por una Avenida Sexta de cuyo nombre no queda si no nostalgia.Claro que por el ‘túnel’ se llega mucho más rápido pero siguen sin entender que los taxis y carros particulares que lo necesiten o que prefieran disfrutar del paisaje del río y la ciudad con las Tres Cruces atrás, podrían usar el abandonado carril del MÍO y subir al mal llamado Boulevard para recorrerlo lentamente dándole animación de día y seguridad de noche. Como en los Campos Elíseos, para solo nombrar al más famoso de todos, pues el de Cali es el único sin carros ni árboles pero con chimeneas y bancas de lata que queman al mediodía justo en su eje: es el anti bulevar por excelencia.Que diferencia recorrer la Quinta desde el Norte pese a que la bajada del paso elevado hacia el antiguo Conservatorio no la han podido resolver bien, como si los encargados hubieran perdido geometría en el colegio, ya que más adelante la Avenida Roosevelt la embiste de lado a la altura del Hospital Siquiátrico como si los locos quisieran entrar y no escapar del mismo, y aún más adelante, cambia de rumbo y de nombre, lo que no les importa a los que van al Campestre, pasando de Calle a Carrera. Pero mal que bien se puede, después de una serie de semáforos no sincronizados, salir a Jamundí a donde les ha dado por vivir a los caleños.Igualmente la Salida al Mar choca de frente a la Circunvalación en el puente de Santa Rosa, obligando a otro zigzag, para poder seguir al Sur. No han oído la propuesta de José Abt de que los que van a la Circunvalación sigan derecho y los que van a la Avenida Colombia hagan una ‘oreja’ por la marginal derecha del río a la que habría que cambiar de sentido, conservándolo a todo su largo, como en todos los ríos que atraviesan las ciudades; como las del Sena en París. Sería más rápido y ordenado para todos, al menos en ese punto, pues más adelante la Circunvalación se estrella de nuevo, como no, con la Quinta.Como en toda sinfonía clásica, la Quinta tiene cuatro movimientos: un allegro (rápido, animado o con energía) cuando se cruza el río hacia el Sur, un andante (andare, andar o ir) si se pudiera ir por el ‘aboulevard’ y finaliza con un scherzo (jugueteo o broma) que como en la de Beethoven continua en el cuarto movimiento, cuando se estrella primero con la Avenida Colombia tratando de pasar al Norte y después con la Sexta si se escogió oír el ruido del ‘túnel’.El caso es que la movilidad de los automóviles (carros, buses, etc.) en las ciudades solo se resuelve ‘componiendo’ con cuatro clases de vías: longitudinales, radiales, ortogonales o combinadas. Pero en Cali se sobrepuso a las patadas la estirada ciudad actual sobre la radial de hace un siglo, que por lo demás era apenas semi radial, la que a su vez ensancho mal la ortogonal y sensata de hace dos siglos. Es el problema de desconocer la historia de las ciudades, y que la geografía va primero como lo demostró el conocido historiador francés Fernand Braudel.

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