La agraviada Familia

Noviembre 26, 2015 - 12:00 a.m. Por: Benjamin Barney Caldas

Poco a poco sólo va quedando su fachada, pues cada vez se demuele más su interior, y bastante transformada ya que la ventanería, que era perfectamente recuperable, desapareció. Y para rematar ahora se están poniendo unas rejas de hierro que nada tienen que ver con el edificio ni con su nueva utilización y cuyo mal gusto salta a la vista, igual que el amarillo verdoso que se le está dando a sus muros, que lo hará ver no viejo ni mucho menos antiguo sino avejentado.En resumen, lo que va quedando del colegio de la Sagrada Familia en el parque de El Peñón, es una máscara pero no tanto por su apariencia (la verdad es que nunca fue muy agraciado) sino porque pretende ocultar el vandalismo cultural contra el patrimonio construido, que no sólo no ha disminuido sino aumentado desde la demolición generalizada que se hizo en esta ciudad con motivo de los VI Juegos Panamericanos de 1971 dizque para “cambiarle la cara” cuando la que tenía era bastante bonita y sobre todo más amable.Poco inteligentemente los empresarios de la construcción no acaban de entender lo mucho que pierden económicamente con la demolición de lo ya construido en lugar de reutilizarlo. Ni lo que dejan de ganar al eliminar su carácter histórico, cuando lo tiene, como es el caso del colegio de El Peñón, que es lo que hace, por ejemplo, que hoteles como el Santa Clara o el Santa Teresa, pese a las equivocaciones cometidas en su adecuación, o posteriormente, tengan tanto éxito en Cartagena.Por eso es preocupante la inoperatividad de los organismos públicos y privados que supuestamente deben velar por la correcta conservación del patrimonio construido. Ya sea por no contar con los instrumentos requeridos para su control, al cual están obligados por la ley, o sencillamente por la falta de interés de personas sin un conjunto de conocimientos que les permita un juicio crítico, al punto de que pareciera que para ellos no son Bienes de Interés Cultural, como se los llama hora.Peligrosamente no ven que su destrucción elimina parte de la imagen colectiva de los ciudadanos, y más cuando la mayoría no ha tenido tiempo de formarla, como en Cali. Ni comprenden sus secuelas de irrespeto por los demás, vandalismo y delincuencia, pese a que son los principales problemas de esta ciudad, junto con el del agua y la movilidad de sus habitantes, comenzando por los andenes. Los que precisamente serán insuficientes para el comercio que pretende tener el nuevo hotel en El Peñón en su piso bajo.Pero tampoco les importan los inconvenientes de todo tipo que la demolición-construcción del colegio les ha ocasionado a sus vecinos, y al parecer les resbalan las demandas que han originado denunciándolos, pese a que todo está pasando en las narices de todos. La gran arquitectura siempre ha sido en todas partes para el poder político, ya que el religioso y el de los negocios también lo es. ¿Será que desgraciadamente aquí cultura, negocios y política son contradictorios?O, simplemente, que es un modo de vida y costumbres, conocimiento y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, de esta época y de un particular grupo social que como se sabe está signado en el país por la presencia del narcotráfico. Ojala los caleños comiencen a reaccionar frente a la destrucción de su patrimonio construido como ya lo están haciendo cada vez más con la tala de los árboles de la ciudad. Los vecinos de El Peñón ya lo están haciendo.

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