Falta la ciudad

Falta la ciudad

Octubre 04, 2017 - 11:35 p.m. Por: Benjamin Barney Caldas

En Cali cada vez hay más preocupación por la comida y la bebida, el agua potable, el aire, la movilidad y la seguridad pero, infortunadamente, muy poco sobre el lugar en donde justamente se come, bebe, baila, respira y camina: la ciudad. Y mucho preocupa el desenfoque al respecto de las autoridades, las que no parecen entender que con unos andenes más amplios llanos y arborizados se solucionaría en buena parte lo de la inseguridad, la movilidad y la contaminación del aire; y que la gente que camina suele ser menos obesa y más sana; y las calles más bellas.

Gente caminando por las calles es lo que más anima las ciudades y lo que les da seguridad: por eso el Centro de Cali es tan inseguro por la noche pues queda tan desocupado que asusta. Y es todo un despropósito que los comensales de los restaurantes de San Antonio no quieran dejar sus carros en sus casas y llegar en taxi o caminando por sus calles y beber más vino, en vez de apenas comer, aunque sea el más caro del mundo; o que no se haga un parqueadero subterráneo por concesión debajo de las calles del Parque del Perro, y así en otros lugares.

El que haya más gente que pueda llegar por buenos andenes y ciclovías al transporte colectivo de la ciudad, implica menos carros particulares andando, casi siempre solamente con el conductor y si acaso un pasajero, y por lo tanto una mejor circulación y menos contaminación del aire. Serían andenes más fáciles de vigilar pues concentrarían más peatones que además podrían colaborar mejor a su propia protección. De ahí que no sobre insistir en que primero que todo hay que hacer andenes y ciclovías, pues con menos carros es más fácil poner en las calles buses articulados que lleven a un tren de cercanías.

La salsa, el fútbol y los carros ocupan la prensa, y de la comida y vinos hay páginas enteras y deliciosas columnas de opinión como la de Sofy Arboleda que habla de su entorno cultural. Pero de la ciudad solamente lo peor que pasa en ella: asesinatos, asaltos, robos, violaciones, abusos a mujeres y niños, y del artefacto urbano apenas hay propaganda engañosa. Qué falta hace que se escriba más sobre su urbanismo y arquitectura, como ya lo hacen Ramiro Varela y Carlos Botero en Caliescribe.com, y lo debería hacer la Sociedad Colombiana de Arquitectos.

Menos mal que sobre el agua y la energía si se escribe, como Nicolás Ramos que insiste hace años en el problema del abastecimiento para Cali, o los que divulgan el uso de energía solar. Porque respecto a la movilidad solamente se informa, acríticamente, sobre los palos de ciego de unas autoridades que aún no comprenden que el MÍO apenas puede ser un componente ¿menos? de un verdadero sistema integrado de transporte público, Sitp, como lo confirma Miguel Charry de la Sociedad de Ingenieros del Valle del Cauca (El País 01/10/2017) y viene insistiendo esta columna desde 1998 (Un Metro para medir a Cali).

“El sistema de transporte masivo dirá mucho sobre lo que es Cali y lo que será. El Metro es civilizador […]. Sin embargo, casi todos los que existen son subterráneos y por lo tanto costosos. Por eso en Cali el Metro será de superficie o no será; al menos por muchos años, posiblemente demasiados años. Por fortuna existe el viejo corredor férreo que atraviesa por el medio a la Cali de hoy. Utilizarlo permitirá que el Metro sea recto y a nivel, lo que redundara en una sencilla y económica construcción, que no perturbara tanto a la ciudad, y en unos bajos costos de mantenimiento y operación”.

Sigue en Twitter @BarneyCaldas

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