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Junio 09, 2016 - 12:00 a.m. Por: Benjamin Barney Caldas

El ‘progreso’ se ha basado en el crecimiento continuo de la población, el fomento del consumo y la obsolescencia programada de toda clase de artículos y bienes, provocando más contaminación ambiental y la disminución de bosques, selvas, páramos y glaciares, agua dulce y biodiversidad, y el agotamiento de los recursos no renovables. Y lo que distintas fuentes informan es que la época más pacífica de la humanidad (lo demuestran las estadísticas) está amenazada, y no solo por el terrorismo.La población del mundo (nacimientos menos muertes) es de más de una persona cada segundo, más de la mitad en las ciudades, y ayer a las 5 am era de 7.329.937.824 (http://www.census.gov/popclock/). Si el crecimiento continúa habría que aumentar las tierras agrarias en un 50% en los próximos 30 años. Pero como la gran mayoría de la tierra cultivable ya está en uso o ha sido degradada, para producir más comida tocaría primero recuperarla y recurrir a más fertilizantes, descuidando el medio ambiente.El objetivo de la obsolescencia programada (incluyendo casas y edificios incluso de valor patrimonial) es, por su parte, el mero lucro, propósito único de un sistema económico y de producción que promueve el consumo creciente, sin considerar que los productos desechados constituyen un grave foco de contaminación cuando son tantos como sucede ahora. Además, países en vías de desarrollo están siendo usados como vertederos, generando en ellos destrucción del medio ambiente y el paisaje.El consumismo, además, altera el equilibrio ecológico por el excesivo empleo de recursos naturales, cuya extracción y procesamiento en su gran mayoría genera más contaminación. Y la preferencia por productos innecesarios o fácilmente sustituibles, que son producidos en otra parte, ayuda a desequilibrar la balanza comercial entre las regiones, aumentando la mala distribución de la riqueza, ya que los consumidores son por lo general de un nivel socioeconómico inferior que sus productores.Con respecto a la biodiversidad las estimaciones varían: entre muy pocas y hasta 200 especies extinguidas por día, pero el hecho es que miles se encuentran amenazadas de extinción en el mundo. Y todos los científicos reconocen que su desaparición es mayor que en cualquier otra época de la historia humana, y están de acuerdo en que las pérdidas se deben a la actividad humana, incluyendo la destrucción directa de plantas y su hábitat para la producción de alimentos, la urbanización o la minería.No renovables son el carbón, el petróleo, los minerales, los metales, el gas natural, los depósitos de agua subterránea, y los acuíferos confinados sin recarga. Las estimaciones más optimistas son las de las empresas, y las más pesimistas de los ecologistas y científicos. Los primeros tienden a presentar las reservas de hidrocarburos como todos los yacimientos conocidos más los que prevén encontrar, pero los segundos señalan el costo creciente de su exploración y extracción, que disminuye su valor de uso. En conclusión, individual y colectivamente, tenemos que propiciar que nos reproduzcamos mucho menos, consumamos mucho menos, utilicemos mucho menos combustibles fósiles, y que protejamos mucho más la naturaleza y las fuentes de agua, y que volvamos a vivir en el centro de las ciudades y a caminar mucho más en ellas. Hay que pensar que el futuro de nuestros descendientes depende de nosotros y no de ellos, como sí en el pasado, y que estamos ante una inflexión en la vida de todos.

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