El relieve

Enero 19, 2017 - 12:00 a.m. Por: Benjamin Barney Caldas

En las ciudades andinas el relieve quebrado, entre llanuras, valles y sabanas y la cordillera, determina una topografía que es parte fundamental de su característica imagen, ya que se asientan tanto en la parte plana como en sus laderas. De ahí que sus edificaciones siempre miren hacia abajo, al plan, o hacia las lomas, y sean inevitablemente, en los extremos de las ciudades, parte del paisaje del entorno campestre y natural.A continuación cinco ejemplos de arquitectura en dicho relieve, tan característico del valle del río Cauca: tres casas aisladas cerca de Cali, un pequeño condominio de seis viviendas en un suburbio al sur, un edificio pequeño de siete apartamentos en Miraflores, la remodelación de cuatro casas en un barrio tradicional, San Antonio, más una área verde muy grande junto al centro de Cali.Es el Parque del Acueducto de San Antonio, el que con el parque del Mirador de Belalcázar y el de la Colina de San Antonio, conforman una amplia zona verde de topografía muy quebrada, que es justamente lo que le da su importancia y peculiar belleza, y lo que divide, al tiempo que junta, sus tres partes.Y muy cerca, en el tradicional barrio San Antonio, una pequeña área de la ciudad más nada tímida, su plano levemente inclinado contra la ladera de la cordillera y su característica colina rematada por la vieja capilla, es básico, como sucede igualmente en cada en una de las cuatro que han sido acertadamente remodeladas en los últimos años, generando cambios de nivel que animan sus recorridos y cambian la relación con las casas vecinas.En Miraflores, un pequeño edificio, muy respetuoso con las casa al lado, está en un lote inclinado entre dos calles, presentando un desnivel entre ellas equivalente a tres pisos, lo que permitió dos semisótanos, uno de ellos para el estacionamiento, y el más bajo, contra la casa existente, la que se integra al proyecto, para la zona común y un pequeño apartamento.Camino a Buenaventura, el cuarto ejemplo anunciado al inicio son tres casas de fin de semana, dos a este lado de la alta cordillera, y una al otro, inmersa en un verdadero mar verde que la rodea con cerros al frente al otro lado de cañadas y amplios cauces de ríos, paisajes dominados en primer lugar por su quebrada topografía, y casas a las que se llega subiendo o bajando.Y en el pequeño condominio al sur de la ciudad, un bello y muy verde espacio común de acceso mira decididamente a la cordillera, y las cubiertas inclinadas de sus casas replican sus marcadas pendientes, las que se perciben a la distancia, al tiempo que sus terrazas y azoteas (las simples cubiertas planas son todo un desperdicio) recuerdan el plan del valle.Ignorar la importancia del relieve en los paisajes en muchos edificios “modernos” ha sido un error tan grave como pasar por alto un clima que no presenta estaciones, generando una arquitectura postiza, y que no es sostenible ni contextual. Y desde luego también ha sido el desperdicio de una buena oportunidad para una arquitectura del lugar, que es por donde comienza una verdadera arquitectura regionalista.

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