El paisaje

Febrero 16, 2017 - 03:20 p.m. Por: Benjamin Barney Caldas

En Centroamérica y el norte de Suramérica se presentan múltiples paisajes tropicales dependiendo del clima, el relieve y la vegetación. A continuación, el paisaje en los ejemplos de arquitectura en el trópico templado y húmedo mencionados en columnas anteriores: tres casas aisladas cerca de la ciudad, un pequeño condominio de seis viviendas en un suburbio al sur, un edificio pequeño de siete apartamentos, la remodelación de cuatro casas en un barrio tradicional, y, junto al centro de Cali, un área verde muy grande y un muy bello paisaje.

Es de nuevo el Parque del Acueducto que junto con el del Mirador de Belalcázar y el de la colina de San Antonio, y atrás la alta cordillera, conforman el fondo del paisaje urbano de este sector de la ciudad, y ellos mismos son todo un paisaje por su relieve y vegetación, y cuyo clima cálido y suelo sombreado por su densa y variada vegetación, permite disfrutar sus subidas y bajadas hasta por las noches y a lo largo de todo el año. Y qué bueno que además de unirlos por encima de la Circunvalación, en la parte más baja del Parque del Acueducto se dispusiera un pequeño embalse y un estanque en el de la colina de San Antonio para recoger el agua de las lluvias.

Por lo contrario, en el tradicional barrio de San Antonio, abajo de dichos parques y muy cerca al Centro de la ciudad, el paisaje está es adentro de las casas, en sus tradicionales patios. Como en cada una de las cuatro que han sido remodeladas en los últimos años, acertadamente en la medida en que ante todo se conservaron sus paisajes: es decir, sus patios, en los que siempre está presente el infinito paisaje del cielo y se mueven lentamente las sombras que en ellos marca el paso del Sol o cada 28 días el de la Luna llena, variando el paisaje.

En Miraflores, el pequeño edificio del que ya se ha hablado, disfruta de una vista a un paisaje de 360 grados hacia Cristo Rey, los Farallones, el Nevado del Huila (cuando las nubes lo dejan ver), el ancho y largo valle del río Cauca, el Centro de la ciudad y el cerro de las Tres Cruces, junto con los árboles de la calle que se ven al llegar y los pequeños patios  del piso más bajo al otro lado. Para qué más... aunque desde luego no faltan los que prefieren ver paisajes en la televisión incluyendo los propios que no miran aunque los tengan en frente.

Camino a Buenaventura, el cuarto ejemplo son las tres casas de fin desemana, dos a este lado de la alta y verde cordillera desde las que mirando bien se puede percibir la cordillera Central al otro lado del valle del río Cauca, y desde la otra el paisaje de las  laderas que bajan al mar Pacifico, y que permiten imaginárselo. En esta cordillera para cada lado que se mire el paisaje cambia, lo mismo que desaparece cuando baja la niebla o que queda inmerso en ella. El Sol sale y se oculta varias veces al día, y la Luna mágica que de pronto está encima.

Y al sur de la ciudad, en el pequeño condominio también ya mencionado, su bello y muy verde espacio común de acceso apunta al paisaje de la Cordillera Occidental, justo enfrente de los Farallones de Cali. Es todo un homenaje a este bellísimo paisaje que pese a estar en el escudo de la ciudad poco lo disfrutan los caleños ya que casi siempre está inmerso entre las nubes, lo que obliga a estar atento para disfrutarlo cuando el cielo se despeja. En conclusión, en las ciudades andinas hay que mirar sus bellos y variados paisajes hacia arriba y no apenas al frente.

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