El culto al carro

Junio 18, 2015 - 12:00 a.m. Por: Benjamin Barney Caldas

El problema de la movilidad (cualidad de movible) de los caleños, que no de la ciudad, como se ha venido diciendo equivocadamente pues estas, en tanto artefactos, sólo se mueven con los temblores, es que los carros se volvieron una necesidad después de haber sido un lujo hace un siglo (André Gorz: La ideología social del automóvil, 1973). Y como dice Yubal Noah Harari “los lujos tienden a convertirse en necesidades y a generar nuevas obligaciones” (De animales a dioses, 2014, p.106).Para peor de males se piensa que el tránsito (pasar de un punto a otro por vías públicas) es sólo un problema de los vehículos (medio de transporte de personas o cosas) y que estos son sólo los automóviles (que se mueven por sí mismos) y no también las bicicletas. Y cuando se habla de automóviles no se piensa también en motocicletas, taxis, buses y buses articulados, confundiendo además el transporte colectivo con el masivo, el que sólo pueden brindar trenes o buses biarticulados.Finalmente, los peatones (personas que van a pie por una vía pública) que deberían ser lo prioritario en el tema de la movilidad de los ciudadanos, son lo último a tener en cuenta en las soluciones viales, las que, justamente por eso, dejan de ser tales. Por eso se insiste en que usen los puentes peatonales sin importar que sean incómodo para los viejos, mujeres embarazadas, minusválidos y personas con niños o maletas, gente con problemas de movilidad precisamente.Y lo mismo pasa con la insuficiencia y precariedad de los andenes, los que en Cali son una vergüenza que habla mal de la ciudad como se ha repetido aquí desde hace 15 años, y que junto con su deficiente transporte público han vuelto los vehículos una necesidad real, y no sólo de prestigio social, manteniendo el culto a los carros, y llenado la ciudad de motos. No el culto que proviene de la cultura o la instrucción, si no de lo que es imposible sustraerse y se le rinde pleitesía.Desde luego el bienvenido paso pompeyano propuesto al final del Paseo Bolívar sería un ejemplo paradigmático y es lamentable que no se entienda que la movilidad de los carros se solucionaría con un semáforo ‘inteligente’ que dé paso a los peatones cuando sean suficientes pero sin interrumpir la ‘ola verde’ de los vehículos que se inicia en el semáforo del Club Colombia con el que debería estar coordinado junto con el del Conservatorio más adelante.Pero si no es suficientemente costoso para los intereses de los contratistas de obras públicas, pues que se proceda al hundimiento de la vía como se ha propuesto en esta columna (Pasos pompeyanos, 05/02/2015) retomando el Plan del Centro Global que la tomó del concurso para la manzana al frente del CAM. Se unirían peatonalmente sus dos plazoletas con la Plazoleta de la Caleñidad, y el Paseo Bolívar con la Plazoleta del Correo, para beneficio de carros y peatones.¿Qué piensan los candidatos a la Alcaldía al respecto? ¿Creen que la movilidad de los peatones debe seguir dando paso a la de los vehículos? Si leyeran a Yubal Noah Harari entenderían lo que significó para los actuales humanos caminar erectos sobre dos piernas -un definitivo “un rasgo […] singular” (p.21)- lo que posiblemente hayan olvidado de tanto andar en carro. También aprenderían a elecciones: PERPETUUM MOBILE (pp.400 y ss) antes de que el libro se agote de nuevo.

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