El Centro Histórico

Mayo 24, 2017 - 11:55 p.m. Por: Benjamin Barney Caldas

El foro ‘Plan Especial de Manejo y Protección del Centro Histórico de Cali – oportunidades y desafíos’ de la Sociedad de Mejoras Públicas, Consorcio Ciudadano, la Sociedad Colombiana de Arquitectos, las secretarías de Planeación y Cultura, y una representante de La Merced, fue un importante aporte al tema. Sin embargo es fundamental entender mejor las muchas oportunidades que presenta y su verdadero alcance, y enfrentar de verdad sus desafíos, por lo que fue una pena que el alcalde a última hora no asistiera, lo mismo que la ausencia de concejales y representantes de las escuelas de arquitectura de la ciudad. Pero ya habrá otros pues cada vez son más los ciudadanos involucrados.

El urbanismo y la arquitectura conforman el patrimonio construido de las ciudades en tanto que artefactos. Por eso el patrimonio cultural inmueble de una sociedad no son apenas sus monumentos. Proteger todo el Centro Histórico de Cali no sólo es una oportunidad sino un deber. El desafío radica en convencer a los “idiotés”, como llamaban los griegos a los que no están integrados a la polis, que aquí la han dejado en manos de politiqueros, contratistas corruptos e ignorantes y promotores codiciosos, y al no exigirle a las autoridades el control de la ciudad, como igualmente apoyarlas cuando lo intentan, como ha sido el caso del Hotel Aristi y del Colegio de la Sagrada Familia en El Peñón.

La importancia de lo construido, que apenas es cultural en unas pocas ocasiones, siempre es ecológica, económica, social y, finalmente, política, la que cada vez es mayor pues las ciudades concentran cada vez más la población del país; ya cerca del 80%. Hay que considerar que en toda edificación su construcción, uso y mantenimiento deja una huella ecológica, ya que consume agua, energía y materiales, y además contamina el agua y el aire y, lamentablemente, no pocas veces el paisaje, por lo que se trata no sólo de conservar edificios sino de remodelarlos como de refuncionalizarlos para que no solamente se vuelvan museos de sí mismos, lo que en la mayoría de las veces no tiene sentido.

Conservar y reutilizar el Centro Histórico de Cali, en donde además está concentrada la mayoría de los monumentos de la ciudad, sería un buen ejemplo de verdadera sostenibilidad urbana, lo que además contribuiría mucho a mejorar la calidad de vida de todos los ciudadanos ya que necesariamente convergen en él. Y si todos se identificaran con sus monumentos y sectores históricos, estimulando su pertenecía a la ciudad, eso facilitaría la convivencia sobre todo entre sus nuevos habitantes, que son la gran mayoría, contribuyendo así a la seguridad en general de toda la ciudad, y facilitando un turismo cada vez mayor pero sin correr el peligro de que llegue a ser exagerado.

Finalmente, la incidencia de las ciudades en la política del país es cada vez mayor, y definitiva para combatir la politiquería, el clientelismo y la corrupción. Sólo en ellas es posible el debate amplio y democrático, y además este usualmente se manifiesta en las plazas de sus centros históricos. De ahí que su trazado fundacional sea parte esencial de los mismos, y por eso hay que recuperar el carácter de plaza a la de Caicedo, conservando sus características palmas, reactivar la vivienda en todo el sector, e integrar a su Pemp a los barrios de San Antonio y San Cayetano, como parte del “centro ampliado”, constituyendo así una pequeña ciudad dentro de esta urbe actual de casi tres millones de habitantes.

Sigue en Twitter @BarneyCaldas

VER COMENTARIOS
Columnistas