Cartagena otra vez

Julio 24, 2014 - 12:00 a.m. Por: Benjamin Barney Caldas

Nada en exceso, advierte el Oráculo en un frontón del templo de Apolo en Delfos (siglo IV A.C., de los arquitectos Trofonio y Agamedes). Pluralitas non est ponenda sine necessitate (la pluralidad no se debe postular sin necesidad) advertía William of Ockham (c. 1280/1288 – 1349), y el príncipe de Talleyrand (1754-1838) pensaba que toda exageración resulta insignificante. De nada mucho le recordaba su papá al arquitecto Carlos Campuzano, director durante 16 años del Taller Internacional de Arquitectura que realiza la Universidad de Los Andes cada Julio en Cartagena desde 1986. Y la verdad es que hay mucho que aprender en las muchas posibilidades de este laboratorio… pero hay que evitar los excesos para no caer en lo insignificante, eludiendo lo formulado sin necesidad.Los excesos en Cartagena, precisamente, abundan en Bocagrande, como a veces en la obra de algunos conferencistas invitados al taller, lo que demandaría un espacio para su sana discusión. La que es imperativo hacer, y pública, con los nuevos proyectos que eventualmente se acometan en el casco histórico de la ciudad. Precisamente este es el tema de los ejercicios de proyectación que adelantan los estudiantes. Pero así como año tras año se ha logrado progresivamente evitar en sus propuestas el exceso de altura, uso equivocado del vidrio y de insulsa “creatividad” formal, en la realidad de esta bella ciudad, patrimonio de la humanidad, se esta llegando al hecho aberrante de demoler casas enteras y conservar apenas su fachada colonial, además alterada con vitrinas innecesarias.Igualmente se está cayendo cada vez más en lo insignificante para atraer más turistas, en lugar de los “flâneurs” que recomienda N. N. Taleb (Antifragil, 2010) que consumen igual o más, con la torpe remodelación de espacios interiores para acomodar locales comerciales y restaurantes, siguiendo la moda que, como se sabe, es el buen gusto de los idiotas. Lo que pueden comprobar los estudiantes en la “deriva” que realizan por la ciudad, que es más que sólo un recorrido atento, cuyos encuentros y enseñanzas poco a poco se han ido haciendo presentes en sus propuestas. Afortunadamente, pues la arquitectura ya no es más para los dioses, y reyes y señores, sus representantes en la Tierra, como lo fue antes, sino para la gente común, a la que hay que procurarle el cielo en vida y no sólo prometérselo después de la muerte.Eludir la pluralidad formulada sin necesidad, es de toda arquitectura que trascienda. Lo que pasaron por alto las “estrellas” internacionales que olvidando la recomendación de Le Corbusier de considerar clima, paisaje y tradiciones (y en las ciudades andinas su relieve) creyeron alcanzar el cielo con su espectáculo y cayeron en el infierno de las demandas por “mala practica”. Justamente la ética del oficio es lo que pueden aprender los estudiantes en Cartagena, más que en un taller convencional, al confrontar participantes y profesores de otras partes y en una ciudad muy diferente, pues pretender ser original es un defecto como dijo Alain Chauvilliers (1884-1953). Sus proyectos más pertinentes deberían permanecer unos días en el Museo Naval, sede del taller, para alimentar el urgente debate ciudadano sobre ciudad y arquitectura, antes de que acabemos con ellas… como está pasando en Cali.

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