¿Al fin qué?

¿Al fin qué?

Noviembre 12, 2015 - 12:00 a.m. Por: Benjamin Barney Caldas

“Cosa maravillosa sería la historia si fuera cierta” se dice que dijo Tolstoi. Por ejemplo, según Santiago Sebastián (Arquitectura Colonial en Popayán y Valle del Cauca, 1965, p.130), San Francisco en Cali fue diseñada por Andrés Marcelino Pérez de Arroyo y Valencia y lo corrobora Nicolás Hidalgo según Edgar Vásquez (Historia del desarrollo urbano en Cali, 1980, p.67), aunque Alfonso Cobo Velasco cree que fue el arquitecto Andrés María Valencia.Según Sebastián (p.131) fue levantada por Fray Pedro de la Cruz Herrera y Riascos de 1803 a 1827 y terminada tal vez con la colaboración de Fray José Ignacio Ortiz, pero una placa al final de la nave izquierda dice que sus constructores fueron Pedro Rivas y Castillo y Francisco Daza.Su tamaño en la pequeña ciudad de entonces llamó la atención de los viajeros del Siglo XIX, informa Erick Figueroa (La torre y el convento, 2011), el que estaba realzado por una pequeña plazoleta al otro lado de la calle, de la que apenas queda la escalinata. En 1926 el italiano Mauricio Ramelli pinto su interior imitando mármoles de colores. La cúpula fue reconstruida a fines de la década de 1920 por los arquitectos-ingenieros Rafael Borrero Vergara y Francisco Ospina Bernal, y en 1980 fue nuevamente reparada y se forró con mosaicos.En una foto de Alberto Lenis (Retrospectiva fotográfica del Valle del Cauca, 1989, p.12) se ve el acabado liso de la fachada, que posiblemente el pintor Luis Alberto Acuña retiró a fines de la década de 1930, dejando su mampostería a la vista, como infiere Manuel María Buenaventura (El Cali que se fue, 1957, p.154).Queda la duda de si fue contemporáneo de la decoración interior, o ya existía como corresponde a la tradición colonial. Se ve en fotografías de 1895 y 1908, e inclusive cuando la cúpula y el frontón se estaban reparando (lo señalan los andamios) en una foto de Cali Eterno, la ciudad de ayer y de hoy, 1983, pp. 32 y 130, de Álvaro Calero Tejada, y la p.159 del Informe sobre los trabajos hechos por los franciscanos en Colombia, 1930.Así lo indican además los burdos ladrillos y su descuidado aparejo, y los ‘apeos’ para los andamios, mal tapados en la fachada lateral, la cual, al parecer, nunca recibió un terminado. Otra posibilidad, que sugieren los profundos relieves de la fachada principal, es que solo fuera ‘revitada’ y pintada, lo que explicaría una línea horizontal que limitaría el zócalo.Sebastián (pp.132-133) dice que es “neoclásica” pese a que ve el conocimiento de Pérez de Arroyo, de Vitruvio y Vignola, y a que las hornacinas y las superficies en relieve “manifiestan la influencia de los tratados manieristas en que se inspiró” y que los pináculos (“pirámides” dice él) “son un rasgo más de [su] carácter bajorrenacentista”.Además sus pilastras son decorativas y no estructurales, y en lugar de columnas para sostener el entablamento como presuponía el neoclásico de la segunda mitad del Siglo XVIII (Pevsner, Diccionario de Arquitectura, 1975, p. 148).Al operar con épocas de la historiografía europea, y atenido a “la fecha”, Sebastián no sospechó el carácter “regresivo” de los cambios de forma a los que sistemáticamente se ha recurrido en Cali, buscando cambiar su imagen, a partir de modelos internacionales reconocidos. En este caso, la iglesia de la Compañía de Jesús en Roma, el Gesú, de 1584, es decir 243 años antes.

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