Thanatos

Enero 13, 2012 - 12:00 a.m. Por: Beatriz López

El dios de la muerte de la mitología griega me ha estado fustigando desde fines del año pasado al llevarse a dos de mis hermanos, Grace y Ricardo, con un mes de diferencia. Mis amigos, Pedro Alcántara y Oscar López también lloran la desaparición de Ángela y Beatriz, y a Jorge Arturo Sanclemente, con quien trabajé durante tantos años en El País, le arrebató en minutos a su compañera eterna, Fanny.***Según la teoría de Sigmund Freud, la dualidad de la naturaleza humana surge de dos instintos: Eros, que significa la vida, el amor y la sexualidad, y Thanatos, la muerte y la agresión. Uno lleva a la reproducción de la especie, el otro hacia su propia destrucción.***Y aunque durante todos estos días de alegría para otros no salgo de funerarias, hospitales, cementerios y sitios de cremación, mi olfato de periodista sigue intacto. A través de las lágrimas observo todo lo que pasa en este país, que parece condenado a vivir bajo la égida de Thanatos: gracias a los tiros al aire que matan niños en los andenes, a las minas quiebrapatas que dejan soldados y campesinos en sillas de ruedas, a la violencia de género que asesina mujeres en nombre de Eros, o a los tatucos que siembran el terror en poblaciones y veredas.*** El día de su posesión como alcalde de Bogotá, Gustavo Petro propuso la restricción del porte legal de armas, pero Francisco José Lloreda, Alto Comisionado para la Seguridad Nacional, afirmó que el tema estaba en estudio desde hacia más de seis meses en el Alto Gobierno. Mientras se discutía la viabilidad de esta medida, las tenebrosas Bacrim, hijas expósitas del narcoparamilitarismo, paralizaron medio país por 24 horas.***En el país existen seis bandas, una de ellas, ‘Los Urabeños’, conocida por sus brutales métodos para desaparecer ‘infiltrados’, como hicieron con los dos muchachos universitarios, Mateo Matamala y Margarita Gómez, cuando hacían sus prácticas de biología en Córdoba. Entre todas, suman 5.700 hombres, incluyendo a las suficientemente posicionadas, ‘Los Paisas’ y ‘Los Rastrojos’, han dividido el país en tres zonas macabras para cobrar vacunas, ‘defender’ a sangre y fuego las tierras robadas a campesinos, y evitar su devolución, a partir de la Ley general de Tierras. ***¿Cómo no va a ser violento este país, cuando a diario llegan armas por Urabá, Buenaventura, Guajira, por las fronteras con Venezuela y Ecuador, para ‘surtir’ a los grupos ilegales y al mercado negro que las vende o alquila a grupos sicariales y dilicuenciales? ¿Cuando en manos de civiles hay un millón ciento cuarenta mil 769 armas, con permiso de porte y tenencia, y los militares no llegan a los 700 mil?. Ojalá que prospere el desarme nacional (en Bogotá, se inicia el 1 de febrero) y que Rodrigo Guerrero también lo imponga, con miras a bajar la altísima tasa de criminalidad en Cali.***Entretanto: Acabo de terminar ‘El ruido de las cosas al caer’, de Juan Gabriel Vásquez. Me impactó le descripción que hace del accidente aéreo que enlutó a tantas familias caleñas, el 21 de diciembre de 1996, cuando el Boeing 757 de American Airlines, se estrelló contra el cerro El Diluvio, cerca a Bugalagrande. Recuerdo los nombres de Isabela Castro, nieta de Clarita Zawadksy e hija de Francisco y Micha Caicedo, de Gabriel Piedrahíta, hijo de Francisco Piedrahíta y Claudia, de Johny Mein, hijo de Edward y Estela, y otros, como la hija del rector del Bolívar.

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