Reinserción y convivencia

Reinserción y convivencia

Enero 10, 2014 - 12:00 a.m. Por: Beatriz López

Tiene razón Alejandro Éder cuando dice que la paz no caerá del cielo por firmar un papelito en La Habana. Sostiene que el verdadero reto no lo tiene el Gobierno, ni los Timochenkos, ni los Catatumbos, sino la sociedad colombiana.***Éder es un ejemplo de la percepción y cambio de mentalidad de la elite, frente al conflicto armado. Él, cuyos abuelos materno (Echavarría Misas) y paterno (Harold Éder), fueron secuestrados y asesinados por la guerrilla, dirige la Agencia Colombiana para la Reinserción, donde ha visto desfilar 46.000 personas de los grupos ilegales, en busca de una nueva opción de vida. ***Se queja Éder de la estigmatización por parte de la sociedad hacia los desmovilizados: “Si queremos la paz, esta la debemos construir entre todos. No va aparecer de manera mágica, ni va a ser decretada desde la Presidencia de la República”. ***Y es que la paz no es de Santos (así haya dado el primer paso), ni de su reelección, ni de Uribe, ni del Partido Liberal, ni del Conservador, ni del Polo, ni de la derecha, ni de la izquierda, ni del Procurador, ni del Fiscal, es de todos nosotros, los ciudadanos de a pie, los que votamos, los que no queremos ver más violencia, ni más secuestros, ni más minas quiebrapatas, ni más sangre derramada de humildes campesinos: soldados, policías o guerrilleros, carne de cañón de esta absurda guerra. ***Alejandro Éder vigila la reinserción de cerca de 36 mil desmovilizados, que en 7 años reciben formación técnica, tratamiento sicológico y entrenamiento laboral. En Cali, hace más de 5 años, Fundación Carvajal, Fundación Semana y otras empresas del sector privado, patrocinan 2 cooperativas, donde guerrilleros y paramilitares desmovilizados conviven fraternal y laboralmente en fábricas de estivas y herrajes, que son de su propiedad, con estándares de calidad y de gerencia. *** Y mientras el equipo de “Memoria Histórica”, recorre el país para narrar la situación de millares de colombianos que sufren las heridas del desplazamiento, la exclusión y el miedo; la hermana Alba Stella Barreto, conduce a ese microcosmos de la violencia que es Aguablanca hacia el duelo y el perdón, y en Antioquia trabajan desde hace rato en un laboratorio de paz o manejo del post conflicto, la derecha hirsuta envía correos gritando que Colombia se convertirá en una nueva Cuba o en una próxima Venezuela. *** Este país tiene una gran fortaleza en su clase media, y en un sector de la clase alta, que es consciente de la importancia de crear espacios de inclusión para una masa de 40 millones de colombianos, cuyo 40% carece de educación, salud y vivienda. La guerrilla fracaso como proyecto. Y la dirigencia política nada ha hecho por nivelar la justicia social. Está pues, en manos de la sociedad colombiana la construcción de un país más tolerante y justo, donde quepamos todos. ***Entretanto: La marihuana ha sido un tabú para mí, porque vi a toda una generación adicta a la yerba, que fue devastadora. Sin embargo, han sido tan altos los costos que Colombia ha tenido que pagar con el narcotráfico, que estoy de acuerdo con el Presidente de Honduras al legalizar la compra y uso del ‘bareto’. Lo que no comparto es la doble moral de los EE.UU. cuando en Colorado acaban de legalizar la compra de la dosis mínima. En un día vendieron US$1 millón, mientras en Colombia ponemos los muertos para que ellos fumen y ‘sniffen’.

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