Psiquiatras falsos y reales

Febrero 24, 2012 - 12:00 a.m. Por: Beatriz López

En estos días recibí por correo electrónico un documental estremecedor sobre la psiquiatría en el mundo. La enfermedad mental, en todas sus variantes, es tratada desde el consumo adictivo de drogas antidepresivas o antiansiolíticas (que producen en forma masiva las multinacionales), formuladas por psiquiatras que, de acuerdo con la clasificación norteamericana, aceptan diagnósticos insólitos, los cuales finalizan hasta en la reclusión en hospitales psiquiátricos. *** El informe no sólo se refiere al abuso en la prescripción de drogas, sino también a las increíbles ganancias de los laboratorios que las producen, el cuestionamiento a los psiquiatras, el rechazo a los hospitales donde se ejecutan aún tratamientos casi criminales de choques eléctricos, trepanaciones cerebrales y otras “fórmulas científicas”, y lo más grave, el suministro de drogas psiquiátricas a niños en escuelas norteamericanas, para controlar desde un déficit de atención hasta una presunta biopolaridad, que pueden convertirlos en futuros farmacodependientes.***Es tan demoledor su contenido, que le consulté a Óscar Espinosa, el gran maestro del psicoanálisis, sobre la veracidad de tales denuncias. Así respondió: “El documental es producido por una organización de defensa de los Derechos Humanos y tiene como fin denunciar los abusos que se han cometido y aún se cometen en psiquiatría. Sigue la línea de la antipsiquiatría que floreció a partir de los años 60 en Europa y produjo buenos y malos efectos. Los estados aprovecharon para ahorrarse costos millonarios en salud mental y en vez de modernizarlos cerraron hospitales enviando los pacientes a sus respectivos hogares con algún tipo de medicación. Se presentaron casos dramáticos. En Italia, por ejemplo, una pareja de ancianos se suicidó por no soportar ni manejar la convivencia con el hijo esquizoparanóico. En manos inteligentes, el recurso a los medicamentos es inevitable para evitar un suicidio, para atemperar un delirio o salvar a la pareja del enfermo de un homicidio compulsivo, como cuando el gran filósofo marxista Althusser estranguló a la esposa después de 40 años de vida en común”.***Y continúa el doctor Espinosa: “El manejo ético y adecuado de la medicación es indispensable en el tratamiento de la psicosis y trastornos seriamente compulsivos, y eso no excluye la psicoterapia sino que la complementa. Hay que proscribir el recurso a métodos salvajes como el electroshock, las camas de fuerza y el aislamiento en celdas de tipo carcelario. Como en todo, el problema es el abuso y no el uso inteligente. Estas denuncias son aprovechadas por organizaciones pseudocientíficas o pseudoreligiosas, para promover sus propias prácticas o explotar económicamente a personas ingenuas. Como siempre, todo es cuestión de medida”.*** Todo este preámbulo es para referirme a dos hombres que hoy se encuentran en el ojo del huracán por pertenecer a la rama de la psiquiatría, así sea en forma real o falsa: Luis Carlos Restrepo y Camilo Herrera. El primero, a quien nadie le niega su formación profesional, prefirió huir del país antes que contar la verdad sobre la falsa desmovilización de paras y guerrilleros. ¿Será que sufre del contagioso síndrome ‘uribismus extremus’, que induce a la impunidad y al ocultamiento, y contra el cual no existe un antídoto eficaz? Y así como no creo que el Alto Comisionado para la Paz sea un peligro para la sociedad, tampoco estoy de acuerdo con el lapidamiento mediático del que ha sido víctima el falso psiquiatra Camilo Herrera, que engañó a la intocable dirigencia de Medicina Legal por 20 años, sin haber pasado por la universidad (sólo dos años). ¿No tendría más conocimientos este autodidacta que muchos profesionales con diploma, a los que no les tiembla la mano para formular drogas antidepresivas a pacientes que no las requieren?

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