Petro en la lupa

Noviembre 04, 2011 - 12:00 a.m. Por: Beatriz López

No fue nada fácil el ascenso de Gustavo Petro a la Alcaldía de Bogotá. Su militancia en el M-19, la cárcel, el exilio, los bandazos con cierto tinte oportunista durante su candidatura presidencial y una desmedida ambición, le han hecho cometer errores (como votar por Ordóñez), que la izquierda le ha cobrado en más de una ocasión. ***Pero Petro, que no es precisamente un hombre apuesto ni carismático, se creció en el Senado cuando tuvo el coraje de denunciar a muchos intocables por sus vínculos con el paramilitarismo, lideró el destape del carrusel de contrataciones en Bogotá, y fue capaz de resistir la obsesiva persecución que le montó el expresidente Uribe desde los cuarteles del DAS.***Sin embargo, el recién elegido Alcalde de Bogotá será sometido a la más implacable vigilancia desde todos los flancos: del uribismo, de algunos estamentos militares que no le perdonan su pasado guerrillero, del Polo, de los liberales, del Partido Verde, y lo que es más curioso, de la izquierda que lo considera un revisionista traidor a la causa. Petro tendrá que caminar sobre huevos, pues al más pequeño error, toda esa jauría se vendrá contra él.***Gustavo Petro, que nació en Ciénaga de Oro (Córdoba), fue arrancado, muy niño, de esas tierras caribes, donde no existen barreras para reír, y empezó a descubrir el mundo desde un pueblo frío, triste y taciturno, como es Zipaquirá. Creo que de allí viene esa timidez que disimula con su “sonrisa de culebra” a la que se refiere Antonio Caballero. ***Petro tendrá que frenar el ímpetu narcisista que lo acompaña (¿cierto Gloria H.?), si quiere acertar. Y no es con el eslogan cursi de “la política del amor”, ni pidiendo la anuencia de Juan Manuel Santos, ni lanzando desde ahora la campaña por la Presidencia. Tendrá que demostrar que no es desde el monte, ni desde la cárcel, ni desde el Senado, donde un auténtico líder puede poner en práctica todo el bla-bla pronunciado, sino que tiene la capacidad suficiente para llevar hacia la modernidad, la inclusión y la justicia a la primera ciudad de este país violento e inmanejable.***Entretanto: Mientras Rodrigo Guerrero logró el consenso entre habitantes de Santa Teresita, Granada, Centenario, Ciudad Jardín, San Antonio, Obrero, Aguablanca, Terrón Colorado y las esquivas comunas de las laderas caleñas, evitando que regresaran las oscuras figuras de los últimos tiempos, por la Gobernación rondan de nuevo los fantasmas del saqueo de nuestras más caras instituciones, como la CVC, Acuavalle, Hospital Departamental, Licorera y Siquiátrico. Y no es que el señor Homero, viejo cacique del norte del Valle desde hace 40 años, sea garantía de buen manejo de la cosa pública. No es justo que este Valle de lágrimas tenga que escoger entre dos cuestionables opciones: la de Useche y la de Giraldo. ¿Por qué no ganaría el muy decente Ubeimar Delgado?***Ahora le toca a Guerrero enfrentar el monstruo de tres cabezas de las megaobras, la inseguridad, el desempleo y la división que propició Jorge Iván Ospina entre las clases altas y bajas. Habrá que rodearlo, pues la reconstrucción de Cali no podrá hacerla solo, es tarea de todos. A propósito, ¿será cierto que el próximo gerente de Emcali sería Esteban Piedrahíta?

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