Los sayayines

Junio 10, 2016 - 12:00 a.m. Por: Beatriz López

Después de conocer los horrores del Bronx, quise averiguar el significado de la palabra sayayines, el ‘escuadrón de seguridad’, conformado por 150 hombres del infierno bogotano. Un pelado de 9 años me dijo que era una tira cómica. Me fui al todopoderoso Google y encontré lo siguiente:***“Serie Dragon Ball en la cual sobresale un luchador de artes marciales llamado Gokú, que quiere decir ‘posesión maligna’. Gokú pertenece al mundo de los sayayines. En algunas ciudades orientales a los poseídos por el demonio se les denomina sayayin”.***Cierto o no el origen de tales personajes que representan lo más sórdido y tenebroso de la sociedad colombiana del siglo XXI, cabe preguntar si este comportamiento abyecto está dentro de nuestro ADN. Porque las casas de pique no solo han funcionado en el Bronx, también llenaron de sangre los esteros de Buenaventura, los hornos crematorios de las autodefensas de Caquetá, o atrocidades como el asesinato de muchos inocentes, entre ellos, el sacerdote de Trujillo (Valle), decapitados con motosierra.***Ni hablar del prontuario de las Farc, el ELN y los paramilitares: la masacres de Bojayá o en Machuca, en Segovia, cuando un comando del ELN dinamitó el oleoducto Caño Limón-Coveñas, provocando un incendio que cobró la vida de 84 personas, o la masacre de Mampuján, donde un grupo de paramilitares descuartizó y degolló a 12 campesinos en la plaza del pueblo, frente a sus familias.***En las décadas de los 80-90, cuando las estructuras delincuenciales urbanas aupadas por el narcotráfico fueron marcando territorio en las grandes ciudades y crearon escuelas de sicarios como ‘La Terraza’ en Medellín, amparadas bajo el manto de los grandes capos, llamadas ‘Oficinas’, donde hubo muertes, ajusticiamientos, atentados. Poco a poco se fueron concentrando en esos huecos negros como el Cartucho, el Bronx, Sucre o Santa Elena, donde en los últimos diez años funcionan verdaderas organizaciones criminales formando ‘Para-Estados’, los cuales no penetran las autoridades por físico miedo. ***Y mientras los últimos gobiernos no han querido contaminarse con el olor nauseabundo de tales sitios, los medios de comunicación apenas han visualizado superficialmente el cáncer que está destruyendo el sector más vulnerable de la población. Esta sociedad se acostumbró a percibir la violencia, el crimen y la tortura, con un sentimiento casi orgásmico que pasa de la noticia macabra del día a preocuparse por el hombro de James Rodríguez o a celebrar el gol de turno de la Selección Colombia. Somos exagerados, alarmistas, superficiales y nos movemos al ritmo de lo mediático. ***Entretanto: Doy por recibida la carta del director General de la CVC, Rubén Darío Materón, donde aclara que esa institución si se inmutó con el arboricidio que se produjo a raíz de la construcción del boulevard de Buenaventura, sobre lo cual me referí en la columna pasada. “La Corporación si se inmuto ante el hecho mencionado porque otorgó los respectivos derechos ambientales para el embellecimiento de la zona céntrica de Buenaventura. No hubo ningún atentado al medioambiente al erradicar varios árboles, entre ellos algunas especies introducidas y otras que se encontraban enfermas”. ***“La CVC impuso las medidas compensatorias para la ejecución de esta obra. Por cada árbol erradicado se debían sembrar 10 nuevos. La compensación consistió en la siembra de 620 árboles de especies nativas: Chanul, Espavel, Otobo, Carra, Anime blanco, Algarrobo, entre otros”.

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