Los niños de la guerra

Febrero 03, 2017 - 12:00 a.m. Por: Beatriz López

El tratamiento que tanto las Farc como el Gobierno le están dando a la entrega de los menores de 18 años, en poder de la guerrilla, es inhumano, hipócrita y peligroso. Mientras la oposición y algunas entidades como el Icbf y el Ministerio de Salud se rasgan las vestiduras y exigen el número exacto de los niños llevados a la fuerza a una lucha que no era la de ellos, los guerrilleros los utilizan como botín de guerra para negociar con el Estado.***En ningún momento han pensado en la urgente iniciación de la resiliencia de estos pequeños a quienes la guerra les quitó la infancia, el afecto, el apoyo familiar y los cuales cambiaron los juguetes por armas. Los llevarán transitoriamente a los campamentos, en poder aún de quienes los convirtieron en carne de cañón, los ideologizaron, los sometieron a castigos inenarrables para disciplinarlos, sin olvidar que algunos y algunas también fueron violados.***Porque con la gran improvisación con que el Gobierno está adecuando las 26 zonas veredales en las regiones más agrestes del país, ¿en qué momento podrán sanar las heridas que les dejó la guerra? El neurólogo francés Boris Cyrulnik, que estuvo en Hay Festival de Cartagena, y que sufrió en carne propia los rigores de la persecución nazi cuando era niño, al referirse a la resiliencia, dice que “algunos se dejan arrastrar y golpear, otros llegan a liberarse y, con un poco de suerte, se sanan”.***Afirma el neurólogo que cuando iniciaron los trabajos sobre la resiliencia en Tolón, llegaron a esta conclusión: “Retomar un nuevo desarrollo, tras una agonía psíquica o traumática”. Y yo me pregunto si el Icbf, que acaba de negar a las madres comunitarias su vinculación laboral “por razones económicas”, tiene fondos suficientes para emprender la misión de rescatar del miedo, el dolor síquico, la depresión, la ansiedad y la baja autoestima a los hijos de la guerra.***Por último, no entiendo por qué los negociadores de La Habana no buscaron una solución menos compleja que la construcción de las zonas veredales en lugares inhóspitos donde no hay energía, ni agua potable, y cuyos caminos y trochas son prácticamente intransitables para llevar hasta allá retro excavadoras, maderas, utensilios y pertrechos de los seis mil guerrilleros. Han debido construir albergues cerca a las poblaciones, debidamente custodiados por la ONU y los anillos de seguridad, y se habrían evitado el monumental desgaste del Gobierno, con una oposición que le pisa los talones, ante cualquier tropiezo.***Y algo más. He recibido el boletín de prensa de Nueva EPS donde se anuncia “la atención integral de las 6.200 personas que se concentraran en las 26 zonas ubicadas en todos el país”. No solo atenderán a las gestantes y a mujeres en edad fértil. Garantizan una ambulancia, un médico y una auxiliar de enfermería en cada una de las zonas de concentración. No especifican si el Gobierno cubrirá los gastos de este servicio extra de una institución que sufre el síndrome de todas las EPS del país, devastadas por el perverso sistema de salud.***PD: La Plaza de Cayzedo se ha convertido en un auténtico mercado persa. Vendedores de chontaduros, almanaques, vermífugos, correas de cuero y baratijas inundan andenes y bancas. Antier, a las 9:30 de la mañana una camioneta blanca, parqueada frente a la Catedral y a la Casa Arzobispal, el conductor ofrecía, megáfono en mano, el famoso ‘arrechón’ de la Costa Pacífica. Hágame el favor.

VER COMENTARIOS
Columnistas