Emigración venezolana

Abril 27, 2017 - 11:55 p.m. Por: Beatriz López

Colombia no está preparada para recibir la estampida de venezolanos que huye de la grave situación que vive su país. El palo no está pa’cucharas, como decían los abuelos. A las calamidades que enfrentamos con la ola invernal no sólo en Mocoa, Manizales, Chocó, pueblos y asentamientos construidos en sitios de alto riesgo, se suma la consolidación de las veredas para los 5 mil guerrilleros de las Farc, que no ha logrado materializarse por improvisación del gobierno.

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La Universidad Andrés Bello precisa que más de dos millones de venezolanos han emigrado al país desde 1999, cuando llegó al poder Hugo Chávez. La clase alta huyó al comenzar la confiscación de sus empresas privadas, impuesta por el líder del Socialismo del Siglo XXI. Más adelante fueron los profesionales, especialmente los ingenieros y ejecutivos de la poderosa Pdvsa, la joya de la corona, que sufrió el más ominoso saqueo de Chávez para pagar alianzas con Cuba, Argentina, Chile, Bolivia y otros países.

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Ecopetrol y algunas de sus subsidiarias, así como el complejo de Mamonal en Cartagena, contrataron ingenieros venezolanos, que desplazaron en muchas ocasiones a profesionales nuestros. Los costos de los arriendos y de los bienes raíces en Bogotá se dispararon ante la presencia de los boli-ricos. De las ciudades capitales, escogieron las de la Costa Atlántica y a Medellín, donde se radicaron familias de clase media y alta.

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Hasta ese momento, Colombia recibió la inmigración del país vecino, sin chistar, pero al morir Chávez y asumir Maduro, ahí fue Troya. La frontera se convirtió en la grieta por dónde sacaron a patadas a los colombianos, acusándolos de “delincuentes y paramilitares”. Después esa grieta se transformó en un río desbocado por donde huyen miles de venezolanos a buscar refugio en Colombia. Se afirma que cerca de 50 mil personas llegan a diario desde allá.

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En la Guajira no hay capacidad hospitalaria para atender a las mujeres gestantes de la alta Guajira venezolana. En Cali, trabajan cerca de 500 venezolanos, casi todos jóvenes, la mayoría sin visa, pues les cobran $1 millón. Sindicatos de la salud sostienen que el 60% de los médicos cubanos que ‘importó’ Chávez están trabajando en EPS y clínicas colombianas. El negocio informal se disparó en el país, sobre todo en la Costa Atlántica y en la frontera, donde hombres y mujeres han encontrado la única forma de supervivir, y los más jóvenes le hacen competencia a nuestros maromeros en los semáforos.

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Finalmente, la Sala de Revisión de la Corte Constitucional ordenó a Migración Colombia y a la Personería, “vigilar que se le otorguen visas a las prostitutas venezolanas”. “Estas HP nos están quitando el trabajo”, grito una chica cucuteña, por un noticiero. Mientras tanto, el gobierno contabiliza los muertos de la ola invernal: 360 hasta ahora, miles de damnificados a los que hay que dar albergue, alimentación, frazadas, medicinas y estudio. ¿Será que nos alcanza la cobija para librar a nuestros vecinos de las brigadas de Maduro y Diosdado?

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PD:
Ante la expectativa creada alrededor del debate histórico entre el senador Robledo y el fiscal Martínez, prendí el televisor a las 5 de la tarde del martes. Para comenzar, el Fiscal escurrió el bulto. No asistió. Casi tres horas oímos al senador del Polo, poniendo en evidencia la “corrupción sistemática” de la clase dirigente colombiana. No quedó títere con cabeza. Al terminar la documentada alocución, un Uribe enfurecido y sus acólitos del CD formaron una gazapera, digna de cualquier república banana. Todo quedó en tablas. ¡Qué vergüenza!

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