El testamento

El testamento

Marzo 09, 2012 - 12:00 a.m. Por: Beatriz López

Vivió y murió sin ceder un milímetro a sus convicciones. Tuvo el valor de organizar su funeral. “No deseo ninguna clase de rituales religiosos más allá de la cremación rápida y que el puñado de cenizas inútiles sean lanzadas en la brisa caleña para que se confundan con las cometas que se me perdieron cuando fui niño”, dijo al final de su testamento.***Vicky, su hija, se debatía entre sus creencias religiosas y la última voluntad de su padre. ¿Cómo no celebrar la misa, el día de su entierro? Entonces los 14 nietos, al pie del ataúd de Álvaro Bejarano, dijeron al unísono: “Hay que respetar la voluntad del abuelo”. Y así fue. La tarde anterior a su sepelio, se organizó un homenaje con los más cercanos amigos y el programa musical que estaba previsto para la misa del día siguiente: Mozart, Vivaldi, Bach y algunos tangos, interpretados por Francesco y Mariana Meza.***Fue un acto cargado de emoción en el In Memoriam de San Fernando. Anécdotas, recuerdos, análisis de su pensamiento, a cargo de su sobrino Ramiro Bejarano, de Armando Barona, de Umberto Valverde, del médico Joaquín García, de María Teresa Negreiros y Medardo Arias, un homenaje sencillo, sin la solemnidad, tan ajena al talante de Álvaro. ***Finalizado el acto sus nietos cantaron: ‘Mi querido viejo’. Lágrimas y abrazos. Así despedimos a este hombre irrepetible, a quien le decían el ‘loco Bejarano’, pero que nos dio la más bella lección de coherencia en su lecho de muerte. Un abrazo entrañable para sus hijos, y especialmente para esos nietos y biznietos, que a pesar de su juventud, entendieron que los pactos se respetan y que la coherencia de su abuelo será la estrella que guiará su camino. ***Durante los últimos días fui a visitarlo al Hogar Santa Inés, donde estuvo recluido y después a Dime, acompañada en distintas ocasiones por Eduardo José Victoria, Amparo Sinisterra, Yolanda Garrido y Aura Lucía Mera. Salíamos con el alma encogida. Además de sus dolencias, que eran insoportables, su lucidez mental empezaba a resquebrajarse. Con autorización de su familia, transcribo apartes de su testamento, donde se refiere al doloroso proceso que antecedió a su muerte.***“Escribo en la noche del 19 de diciembre de 2005: en plena posesión de mis facultades mentales y por imperativo mandato de mi conciencia, deseo para su cumplimento total, que en caso de ataques súbitos de enfermedades terminales e irreparables, no se me conecte para prolongar inútilmente esa existencia demeritada que sólo acarrearía gastos y tensiones a quienes me quieren.***“Como padezco una diabetes fuerte y descuidada de la que pueden derivar amputaciones, en ningún caso estas se realicen, pues ya ha sido demasiado padecimiento soportar los últimos 5 años una invalidez en medio de atroces pero indescriptibles dolores a causas de la neuropatía diabética. En caso de aparecer Alzheimer o cualquier daño cerebral o motriz, mi deseo no sólo es que se me deje morir sino que se acelere el desenlace final. Demando una muerte digna.***De esta determinación taxativa quedan notificados mis hijos: María Fernanda, Juan Carlos, Rodrigo, María Victoria y Mónica, y los médicos William Jubis, Jorge Pontón y Joaquín García, a quienes ruego hacer cumplir mi voluntad. Quiero hacer una reflexión sobre esta determinación y es que he tratado de vivir hasta ahora, de manera estética amando a los míos y sublimando la amistad y estoy sin resquemor alguno”.

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