De Santos a Duque

De Santos a Duque

Abril 26, 2018 - 11:35 p.m. Por: Beatriz López

La campaña electoral nos tiene en una encrucijada que se debate entre el cansancio, el miedo y la rabia con encuestas manipuladas, debates rígidos con candidatos libreteados, que a veces se animan con los insultos entre ellos, saboteos y agresiones en plazas públicas, y el hábil manejo de derecha e izquierda para incentivar el miedo hacia el ‘petrochavismo’ o el regreso del paramilitarismo a través de Duque. Entretanto, los candidatos de centro, Fajardo y de la Calle, no lograron conformar la coalición de centro, por culpa de la maquiavélica jugada de Gaviria.

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Pero como Colombia está llena de paradojas, los centros comerciales siguen atestados, en Semana Santa se movilizó medio país hacia la Costa, el Eje Cafetero y otros sitios turísticos, los estadios llenos y el sueño de la actuación de la Selección en Rusia, mantienen el equilibrio de un país que quiere vivir en paz, mientras algunos insisten en reactivar la guerra.

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Pero es en la Casa de Nariño donde está el personaje trágico de la actual encrucijada colombiana: Juan Manuel Santos que trató de hacer la paz con una guerrilla que generó violencia por más de 60 años, y hoy no solo tiene el sol a las espaldas, sino que es sometido al mayor escarnio público y privado, que multiplican las cloacas de las redes sociales.

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¿Acaso Santos ha sido peor que Turbay, Samper, Belisario, Pastrana o Uribe? Su paso por varios ministerios hasta llegar al de Defensa, donde arrinconó a las Farc, lo llevaron al poder de la mano de Álvaro Uribe. Durante la posesión se refirió a su mentor como el “mejor Presidente de todos los tiempos”. Pero cambió la agenda impuesta por Uribe y, ¡ahí fue Troya! Con los primeros nombramientos, se inició la feroz descalificación a cualquier decisión de gobierno, incluyendo su gran bandera: el Acuerdo de Paz. Fue acusado de desleal, y durante ocho años de gobierno, pocas veces ha visto un buen amanecer, ni siquiera el día que gano el Premio Nobel.

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Iván Duque, el otro presidente en cuerpo ajeno que quiere imponer Uribe (joven, apuesto, con formación académica así no haya estudiado en Harvard y más carismático que Santos), ¿se atreverá a cambiar los libretos después de lo que le pasó a su antecesor? ¿Regresará al Agro Ingreso Seguro, meterá a la cárcel a ‘Timochenko’, ‘Catatumbo’, etc., o los extraditará? ¿Dará vía libre a la extracción de oro o al fracking? ¿Las Cortes quedaran reducidas a una sola, para hacer trizas la tutela, y la salud seguirá siendo un negocio y no un derecho? Ojo, niño Duque, piénselo.

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En cuanto a Petro, nadie discute su excelente oratoria que lo hizo famoso en el Congreso. Sus exposiciones en los debates arrancan aplausos y las plazas llenas en la Costa y Bogotá, lo han catapultado al 2º lugar en las encuestas. Pero su fallida gestión como alcalde de Bogotá y la utopía de implantar el socialismo del siglo XXI en Colombia, le cierra el paso a la presidencia.

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La opción es, pues, Fajardo o de la Calle (si este último logra que su talla de estadista, supere las zancadillas del jefe político y la ceguera de una opinión que lo tiene en la cola de las encuestas). Sergio Fajardo, a quien lo ‘graduaron’ de tibio porque no ha prometido ríos de oro y miel, ni se ha liado a puños con sus críticos, emprenderá la lucha contra la corrupción que ha permeado todos los estamentos del Estado, su bandera será la educación y la ciencia, respetará el Acuerdo de Paz en aras de la reconciliación y será el gran defensor de la biodiversidad colombiana.

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