Bajo el fuego cruzado

Julio 15, 2011 - 12:00 a.m. Por: Beatriz López

Los tiros que segaron las vidas en Guatemala y Cali de Facundo Cabral y del médico Felipe Betancourt, resuenan en el alma de aquellos que amamos las canciones del argentino semiciego, de andar lento y asombrosa lucidez, del hombre que les cantó al amor, a la justicia y a la paz, y al médico que dedicó su vida a devolver la visión a niños y ancianos en esa institución que es orgullo de Cali: el Instituto para Niños Ciegos y Sordos. *** Los disparos que mataron a Facundo no iban dirigidos a él. Los sicarios ignoraban la diferencia entre un empresario con oscuros antecedentes y un poeta. Extraño final de este hombre que tuvo una infancia difícil, cuyo talento lo llevó a conocer el mundo, y siempre invocó la muerte en poemas y canciones. ***En cambio, los dos disparos que acabaron con una vida llena de sueños y de proyectos de Felipe Betancourt, sí eran para él. El sicario quería los $400 mil que acababa de sacar del cajero, y no le importó que este hombre, a quien sus colegas llamaban “manitas de oro” por su gran habilidad quirúrgica, pasó casi media vida en su formación profesional.***El concierto que Facundo dio en Cali, hace dos años, fue premonitorio. Era su despedida. Al hablar de su niñez, contó que su madre, después de ser abandonada por el marido, agarró a los siete hijos y se fue a pie de Buenos Aires a la Patagonia. Por el camino murieron de hambre, disentería e hipotermia 4 niños y sólo quedaron Facundo (¿predestinado?) y otros dos hermanitos. La mujer lavó ropas para sostenerlos, mientras el incipiente trovador se escapaba de la escuela, hasta que un día robó dos botellas de whisky de un bar, y fue a dar a una correccional.***En cambio, el médico tuvo una buena infancia. Era hijo de Reinaldo Betancourt, quien estuvo vinculado a El País hace muchos años, y de Beatriz Azcárate. Se casó con la otorrinolaringóloga María Alejandra Pulido, con quien tuvo dos hijas: Sofía, de 3 años y Marina de 11 meses. Así lo describió ella en conmovedor testimonio durante su funeral: “Su carácter siempre justo, su búsqueda de la excelencia y su incansable inquietud científica hicieron de él un modelo de hombre postmoderno, capaz de conectar su mente al corazón y convencido de la fe como pilar fundamental de su caminar”.***El carácter díscolo de Facundo hizo que los sacerdotes que dirigían la correccional lo enviaran a la biblioteca como castigo. El padre superior iba cada noche y el pilluelo le pedía que le leyera un libro. El cura decidió enseñarle a leer. Cuando terminó su encierro, se había leído toda la biblioteca de los jesuitas. Así comenzó su trasegar por el mundo, teniendo como base una formación humanística que lo llevó a la altura de los predestinados. ***Felipe, por su lado, se desempeñó por 10 años como oftalmólogo de la Fundación Valle del Lili y del Instituto para Niños Ciegos y Sordos. Ejercitó su práctica privada en Imbanaco y en la clínica Oftalaser. Su experiencia abarcó los campos de investigación científica, ejecución y desarrollo de técnicas quirúrgicas avanzadas en cirugía de catarata y enfermedades de la córnea. ***Facundo estaba semiciego y Felipe dio luz a los ojos de muchas personas. Ambos murieron en manos de esa violencia ciega que privó al mundo de un ser iluminado como Facundo Cabral y a Colombia de un médico capaz de devolver la vista a los 10 ancianos que lo lloraron en su funeral.

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