Yo también

Febrero 09, 2017 - 06:08 p.m. Por: Aura Lucía Mera

Yo también estoy identificada totalmente con las declaraciones y planteamientos de el profesor Antanas Mockus en su última visita a Cali. Yo también estoy con la Justicia. La cenicienta, la olvidada, la manipulada, la manoseada, la inexistente y la atacada Justicia en Colombia.No existe ninguna justificación para que a estas alturas del paseo Cali y el Valle no tengan una sede decente para administrar la Justicia. Desde que terroristas cobardes volaron el Edificio, los jueces y las oficinas relacionadas con la Rama Judicial viven al garete, despachando desde inquilinatos, en condiciones precarias e indignas. Pareciera como si nuestro Palacio fuera el retrato exacto de lo que sucede al interior de la misma. Justicia olvidada por un régimen que durante ocho años sobresalió por relegarla, regodeándose en dilatar procesos, haciéndose el de la oreja mocha cuando las investigaciones les tocaban de cerca, menospreciándola y mangoneándola.Triste comprobar, ahora mucho más porque estamos ad portas de cambio de régimen, cómo la Rama Judicial en Colombia fue pisoteada. Procesos que jamás llegaron a término. Demandas que se fueron esfumando. Atropellos a jueces y fiscales quienes como quijotes solitarios tratan de nadar contracorriente, arriesgando sus vidas y, muchos, asesinados en cumplimiento de sus funciones.Yo también estoy de parte de los jueces y fiscales, en su mayoría hombres y mujeres que se la juegan toda sin tener las mínimas garantías de supervivencia y protección. Yo también quiero ver de nuevo un Ministerio de Justicia operando con garantías, con presupuesto, con oficinas apropiadas. Yo también creo que un país en el cual la Justicia, la Legalidad y la Honestidad están consideradas como cosas de segundo o tercer nivel, está condenado al abismo. Yo también creo que un país que toma como un slogan de campaña el estamento de ‘La vida es sagrada’ y cree que es una frase rodeada de girasoles, está condenado a hundirse más y a la condena de organismos internacionales que defienden los Derechos Humanos, y la vida, honra y bienes de cada individuo. Yo también creo que un país en el que la corrupción y el clientelismo son los platos fuertes, seguirá empantanado como corcho en remolino y jamás será reconocido por países en los que estos estamentos son sagrados.Yo también estoy de parte de las Cortes que a brazo partido han logrado defender principios constitucionales. Yo también estoy de acuerdo que se condene a culpables de magnicidios, violaciones, masacres y desapariciones que se siguen tratando de tapar como las porquerías del gato, con tierra y cortinas de humo. Yo también protesto por la forma en que altos funcionarios del actual gobierno, empezando por el Presidente de la Republica, se rasgan las vestiduras porque se sentencia a personajes oscuros que sí tuvieron que ver, y mucho, con las atrocidades cometidas en la toma militar al Palacio de Justicia en Bogotá, durante ese ‘annus horribilis’, con la tragedia de Armero incluida que le tocó presidir al presidente de la epoca Belisario Betancur.Yo también sigo con Antanas Mockus. No seré copartícipe del autogol que Colombia insiste en propinarse. Seguiré compartiendo las ideas, principios y programas del candidato del Partido de la esperanza. El que nos ofrece la posibilidad de un cambio, de vivir y convivir en un país más amable, honesto y menos desgarrado por la violencia, los cohechos y la corrupción. Seguiré siendo participe de esa inmensa minoría que desea hacer un alto en el camino, para transitar una senda más limpia y mejor. ¿Utopía? ¿Terquedad? No sé. Lo único que sé es que YO TAMBIÉN seguiré poniendo mi grano de arena para que a los que vienen detrás de mi generación, hastiada de violencia y maturrangas, les toque un país que mire hacia lo alto y logre salir del fango en que lleva tantas décadas. No pertenezco al equipo del autogol.

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