Vuelve la poesía

Vuelve la poesía

Julio 17, 2017 - 11:40 p.m. Por: Aura Lucía Mera

Desde hoy 18 hasta el domingo 23 Roldanillo vuelve a ser el epicentro del universo poético de la mujer. Treinta y tres años de constancia y rigor para nunca interrumpir esta cita sagrada.

Transcribo algunos apartes de Águeda Pizarro en su entrevista a El País el domingo: “…En 1984 éramos sólo siete mujeres. El año pasado acudieron doscientas, entre lectoras y conferencistas. La filosofía del Encuentro ha sido rescatar, resaltar, reivindicar, reconocer y divulgar la voz poética de la mujer en Colombia de una forma incluyente. Por poesía entendemos toda la tradición oral, la de las diferentes etnias del país, la de las ancianas y las niñas, las Académicas de la Lengua, las rebeldes, las contestatarias, todas sin limitaciones ni tapujos”.

Quiero no sólo felicitar a Águeda, esta mujer excepcional que sacó adelante el legado de su marido, el Museo Rayo, para convertirlo en epicentro de la cultura y las artes plásticas colombianas. Visitar Roldanillo es un placer estético, espiritual y visual. Recorrer desde Cali ese mar verde que es el Valle, llegar hasta la ciudad incrustada en el piedemonte, pasear por el parque y perderse en esos octogonales del Museo, para luego ir a dormir al hotel de La Unión, en lo alto de la colina desde donde el horizonte se pierde en el infinito, es una de las experiencias más gratificantes para cualquier persona.

Felicito también de corazón a Patricia Aguirre quien recibe el Gran Premio de Ediciones Embalaje con su libro de poemas ‘Antes de Tiempo’, “quien trata con un lenguaje original y alucinante el tema de los NN”.

Conozco a Patricia hace años. Siempre me ha impresionado su inteligencia aguda, el arrojo para sortear dificultades y la capacidad de reinventarse la vida una y otra vez. Imparable. Soñadora. Tierna. Rigurosa y mordaz. Pero sobre todo con una sensibilidad para captar lo intangible, que nada le pasa desapercibido y todo le deja una huella en el alma.

Curiosamente, íntima y tímida para permitirle a otro compartir y conocer su poesía, porque sus poemas le desnudan el alma y la muestran vulnerable y sin ningún artificio para conocer su dolor y su desolación. Sus poemas le quitan esa armadura de hierro que la lleva a acometer desafíos intelectuales sin temor, a retar la mediocridad de los pensamientos y metas empresariales o artísticas, que le acarrean muchas veces enemistades y sabotajes, porque su pensamiento vuela siempre más alto que lo oficialmente permitido.

La conocí así, desafiante y retadora. Aportando sueños que se convirtieron en realidad, como la semilla que permitió el nacimiento de Señal Colombia, de Canal Capital, de obras de teatro. Sus clases de literatura llevan al alumno a escudriñarse sin excusa. A la polémica y al debate. Su aporte en Cali para abrir los horizontes de Bellas Artes ha sido invaluable. Esa es la Patricia Aguirre guerrera y combativa. A la que siempre conocí y que hace años en Bogotá, cuando iniciábamos una amistad perenne, me costaba trabajo seguirle el hilo a sus pensamientos.

Ya en Cali, en mi apartamento, una noche me mostró sus poemas. Con una timidez casi infantil me pidió que los leyera en voz alta. Lo hice lentamente, dejando que cada palabra marcara su compás y su ritmo, y así se desgranaron uno a uno, como un rosario en cámara lenta a veces convertido en latigazo, o desatando nudos de dolor en la garganta, o visualizando la tragedia inhumana de inocentes, fluyeron salpicados de dolor, de denuncia y esperanza. Conocí el alma de Patricia y esos poemas marcaron la mía.

Esta semana recibe el Premio. Su poemario a los NN ya no le pertenece. Ya el lector será el dueño de cada verso, cada estrofa que golpe a golpe le apretará la garganta y lo hará vibrar.

No digo que ‘nace’ un poeta. Digo que Patricia decidió entregar su alma en Roldanillo el año pasado, pasando por encima de su timidez y nos regaló por fin esos poemas que merecen ocupar un lugar sobresaliente en la antología poética de América. Chapeau Patricia. Chapeau Águeda que supiste descubrir este tesoro literario y lo sacaste a la luz.

PD. ¿Podremos pasar veinticuatro horas sin odiarnos? Estoy contigo Daniel Samper Ospina.

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