Vivir dignamente

Vivir dignamente

Abril 08, 2014 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Muchas veces pienso en la tan manida frase de “el derecho a morir dignamente” y llego a la conclusión que deberíamos referirnos al Derecho a Vivir Dignamente.Porque no es una vida digna cuando a punta de máquinas, tubos, inyecciones, respiradores, drenajes y drogas se obliga a la persona a seguir viva, bajo el pretexto de que la muerte solo tiene posibilidad de llegar cuando ningún aparato funciona. Así se liberan de culpa tanto el personal médico como los familiares, sin darse cuenta que han sometido a ese ser humano, sea hombre, mujer, adulto mayor o infante a la más cruel de las torturas.Siento, a lo mejor me equivoco, que los mismos avances médicos, la tecnología, los aparatos de última punta de alguna manera se han ido convirtiendo en enemigos de su propio invento y por ende del ser humano.Tuve la fortuna, si se puede llamar así, de que mis seres más queridos; mamá, papá, hermana mayor, murieran cada uno en la casa, en su cama. Ni tubos, ni olores a cloroformos, ni unidades de cuidados intensivos, donde entre el encierro obligado y la soledad se van apagando ojos que tienen prohibido mirarse en otros ojos amados y manos que se van quedando inertes y frías porque tampoco pueden sentir el calor de otras manos. La ‘asepsia’ clínica y las ‘normas’ lo prohíben. Las ‘visitas’ son restringidas. Una persona a la vez y no más de diez minutos.El Cuerpo Médico no autoriza la salida del ‘paciente’ a la casa porque “le puede pasar algo”. Y la mayoría de las veces esos seres se extinguen en cubículos aislados, rodeados de enfermeras desconocidas que los tratan en diminutivo, no conocen sus vidas, sus miedos, sus esperanzas, sus preguntas. Los tubos les meten y les sacan los alimentos. Una especie de acordeón respira por ellos, la morfina los mantiene ausentes. Perdieron su derecho a vivir dignamente.La muerte siempre llegará. Por más tubos, más drogas, más máquinas, nadie conseguirá la inmortalidad (además, ¿para qué?). Lo que se está negando es el Derecho a la Vida Digna. No al derecho a morir con dignidad.Muchas veces lo que se logra, a base de tratamientos feroces es prolongar falsamente el concepto de vida por unos cuantos meses, a lo sumo un año largo, sin ninguna calidad, sin ninguna opción aparte de estar conectados a máquinas o postrados como consecuencia de químicos feroces.Tenemos el derecho a una vida digna. Tenemos el derecho a decir si queremos seguir tratamientos inhumanos para durar un tiempito más, aislados y entubados y tenemos derecho a morirnos cuando y como nos dé la gana.PD: Además tenemos el derecho a un médico de cabecera que nos conozca, que sepa cómo nos llamamos, quiénes son la familia. Últimamente estamos obligados a fragmentarnos porque el de ‘la columna’ no se entiende ‘con los dedos’, el de la ‘cabeza’ no tiene nada que ver con las ‘vías urinarias’ y el de ‘los riñones’ no tiene ni idea dónde queda ‘el corazón’. Se acabaron los médicos que describía el inmortal Cronnin en sus obras maestras. Nos hemos convertido en piezas intercambiables, como si fuéramos un Lego y no un ente integral, físico, psíquico y emocional. Tenemos derecho a besar en nuestra despedida a los seres que amamos, mirar por última vez el jardín, contemplar desde la ventana el atardecer y reírnos, por qué no, antes del adiós final. No encerrados ni aislados. ¡Tenemos derecho a vivir y morir con amor!

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