Vivan Netflix, la Navidad y los toros

Diciembre 08, 2015 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Desde Quito leo que el creador de Netflix estuvo en Colombia. Si no fuera por él, mi televisor estaría apagado totalmente todo el año. Me saturé de las malas noticias, de las telenovelas mediocres, de la apología a los narcos, de la pésima calidad y polarización de la televisión colombiana.Apareció Netflix. Llegó a mi tele gracias a un sobrino que me conectó y a mis hijos que me regalaron la Navidad pasada una pantalla a todo vapor. Me cambió la vida. No veo la hora de llegar al apartamento, estirarme en la cama y olvidarme del mundanal ruido, encendiendo el control.Scandal, The Good Wife, Black is the new orange, The midwife, El Gran Hotel, Downtown Abbey, entre otros programas, series y películas, me han sumergido en otros mundo, logrando el desconecte total de las marrullerías políticas, de las polarizaciones, de los ataques dementes contra el proceso de paz, de la sangría noticiosa diaria, de los insultos de los antitaurinos, de las mentiras populistas de Petro, el emperadorcillo de hojalata.Netflix amado, mejor que cualquier antidepresivo. No demoran en ponerle trabas los canales privados como están haciendo los taxistas matones con Uber. No me extrañaría, creo en el refrán “piensa mal y acertarás”.Cambiando de tema, se nos vino la Navidad, como el tsunami, imparable. ¡Me fascina! Hijos y nietos enroscados en mi cama, carcajadas, la fogata del fin de año en casa de mi hermana quemando muñequitos de trapo y asando marshmellows con palitos...Lanzarle besos a las estrellas, recordando con amor a los que han partido pero que jamás nos han abandonado, las luces prendidas en los balcones y las ventanas.La Feria taurina. Me siento orgullosa de pertenecer a la banda de asesinos conformada por García Lorca, Picasso, Goya, Miguel Hernández, Dalí, Rubén Darío, Hemingway, entre otros. Disfruto entrando a los campos de tortura como Las Ventas de Madrid, La Maestranza de Sevilla, la Belmonte en Quito, La Santamaría cuando no se la habían jodido, Cañaveralejo. Me uno a la banda sicarial de Antonio Caballero, Alfredo Molano, Humberto Botero, Manolo Molés, Felipe Negret, Rodrigo Guerrero, Edgar Cobo, Mario Paz, Wallis Ochoa.Respeto a las ganaderías Fuentelapeña, Paispamba, Guachicono, Salento, Mondoñedo, Las Ventas, Ernesto González, Huagrahuasi, Triana, Miura, Domecq, Santacoloma y todas las que existen en este planeta. Ganaderos que pelean como quijotes contra corriente para evitar que el toro de lidia se extinga.Desde Quito escribo esta columna con un Olé de admiración por José Luis Cobo quien desde la antigua Plaza Belmonte, joya colonial enclavada en el centro de esta ciudad altiva y mágica, sigue haciendo posible que la Tauromagia no se acabe. Los lidiadores (o asesinos) Ponce, Morante de la Puebla, Daniel Luque y jóvenes rejoneadores se vistieron de luces para el sagrado ritual. ¡Qué viva la Tauromagia!

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