¡Unidas en la esperanza!

Octubre 06, 2015 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Más de seis mil mujeres nos reuniremos el miércoles al anochecer, unidas por el dolor y la esperanza. La cita anual en el Dann Carlton convocadas por la doctora Diana Felisa Currea Perdomo, cirujana oncóloga de la Valle del Lili, especializada en cáncer de mama. El tema central será ‘Mitos en tratamiento de enfermedades mamarias’.Todas las asistentes hemos atravesado el túnel del miedo, la sorpresa de tener la enfermedad impronunciable hasta hace poco, el terror de no saber qué pasará con nuestros cuerpos en un futuro próximo, si quedaremos mutiladas, si ya tenemos metástasis, si los estragos de la quimioterapia nos convertirán en trapos desgarrados, si las radiaciones nos quemarán la piel hasta volverla llaga. Si las pastillas nos afectarán el útero o nos sorprenderán con una trombosis, en fin.Pertenecer al ‘combo’ de Diana, como la llamamos con cariño es una fortuna. No solo por su experiencia. -más de siete mil quinientas cirugías-, ni por sus manos que parecen tener un don mágico -he sido testigo presencial de algunas cirugías y da la impresión de que está trabajando en obras de filigrana-, sino por un intangible que no podría definir muy bien, los intangibles por eso se llaman así.Además de su intuición, a la que personalmente le debo el que mi tumor no hubiera tomado la delantera y se hubiera podido tratar en estado incipiente, creo que posee algo que muy pocos profesionales de la medicina tienen o dejan salir a flote. Y es el ponerse con amor, interés real y calor humano en los zapatos del paciente.Diana no recibe ‘casos’, recibe seres humanos, mujeres de todas las edades y condiciones socioeconómicas. Su consultorio es su Sancto Sanctorum. Dos repisas, llenas de imágenes de la Virgen de todas las devociones, la Bailarina de Quito, Mater Admirabilis, Fátima, Lourdes, la Milagrosa, la del Quinche, la Santiña de Asturias, la de El Cobre, la Guadalupana, la Dolorosa. Un sin fin de figuritas, regalos de mujeres agradecidas que conocen que ella es devota de María y que cada mañana antes de salir de su casa se encomienda a ella para que pueda atender a sus mujeres con amor, respeto y dedicarle a cada una el tiempo que sea necesario.Para mí es un misterio cómo le rinde el día. Siempre sonriente, impecable, elegante, con sus gafas que ya son famosas en Cali por los colores de sus molduras. Incansable y cálida. Cada paciente es la única. No existen más. Así sean las ocho de la noche y haya comenzado su labor en cirugía a las siete de la mañana. Da conferencias sobre prevención y diagnóstico temprano en barrios apartados. Realiza cirugías en hospitales de menor nivel sin cobrar para poder ayudar a aquellas mujeres que la necesitan y carecen de medios.Como nos dice Oliver Sacks, ese famoso neurólogo dotado de una sensibilidad especial para escuchar sus pacientes en su libro ‘Con una sola pierna’ -libro que debería ser lectura obligatoria para médicos y enfermos-, Diana Felisa Currea Perdomo tiene el don “...para penetrar tanto en la soledad de esa condición de ser paciente. De lo que significa ser paciente, para entender la complejidad inmensa y la profundidad de sentimientos, la resonancia del alma y los pensamientos evocados -colera, temor ,angustia-...”. Saber que no somos un rótulo, un caso más, una candidata a mastectomía radical o una cuadrantectomía, destinadas a la mutilación o a la quimio venenosa.No. Para ella, cada mujer es única, irrepetible, sagrada que merece amor y que tiene esperanza. Por eso las más de cinco mil que asistiremos el miércoles vamos a darle un abrazo agradecido. Ella es parte nuestra y viceversa. Somos una familia unida en el dolor y la esperanza gracias a esta mujer que se nos entrega con sabiduría y amor, que sabe abrir su corazón para escuchar, para ser la confidente de nuestros temores y rebeldías, de nuestras flaquezas y rabias, y también partícipe del las alegrías de la recuperación y del valor de la aceptación.

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