Una ciudad de canciones rotas

Una ciudad de canciones rotas

Julio 19, 2016 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Emilio dice : “...Aquí uno se siente muy vivo, pero la muerte te puede llegar en cualquier esquina, en medio de la alegría más grande... Es una desesperanza que me huele a trapiche. Que me sabe a caña de azúcar. Siento que seguimos esclavizados y esclavizando, pero en un orden espiritual; encarcelados en nuestras identidades, matando a cada instante la capacidad de soñar...”. -¿Entonces Cali no tiene banda sonora?-“Claro que la tiene. Pero ella misma se encarga de romperla cada que puede... parece que la banda sonora de esta ciudad está a cargo de un director de orquesta que hizo un pacto con el diablo... tenemos mucha pasión por la vida, pero un talento único para el desastre... Es una ciudad de canciones rotas...”.Este es uno de los párrafos de la primera novela de Julián Chang, que a mi modo ver, condensa el contenido de su libro ‘Cuando suena la brisa’, presentado al público hace pocos días en la Biblioteca Departamental y ya aterrizando en las librerías.Retomo sus palabras en un reportaje para este diario: -“Sentí que sobre mi generación (los noventa) no se había escrito nada o por lo menos yo no lo conocía. Paralelo a eso, hace varios años yo hacía parte de un grupo de caleños que quería rescatar ciertos valores cívicos de Cali, pero era curioso porque mi generación no era una que se interesara por cambiar el mundo. La sentía como una generación sin rumbo ideológico, perdida, que se congregaba en ciertos espacios para la rumba y el deporte, no más. Eso me impulsó a querer entenderla, a escribir sobre ella...”.Música, ilusiones, amores, pérdidas, nostalgias de ese grupo de amigos que reunidos en Martyn’s años después recuerdan, bebiendo cerveza, cuando formaron la Banda ‘Danenas’, llenos de ilusiones y Emilio logró “hurgando los elementos de su tierra” ese olor a cadmia, a trapiche, a manga verde con sal, presentarles su canción sobre el chontaduro, donde supieron mezclar la dosis precisa de “sal y miel” para esa fusión de rock y son. Libro que reúne y condensa esa Cali que amamos, sufrimos, bailamos y lloramos. La Cali sensual y la violenta. La Cali que hechiza con su brisa y azota sin piedad. La Cali donde se refugió Buziraco y el monstruo de los mangones y nace el sol y se desatan las tempestades y los murciélagos y las aves de carroña y los pájaros agoreros anuncian tragedias.Cuando suena la brisa nos cuenta sobre el dolor de crecer y la dicha de dejarse llevar por la música y el ritmo. El sueño grupal y el camino individual que marca los destinos. Nos hace vibrar con el taconeo de Amparo Arrebato, nos estremece con las predicciones de la negra Basilia, nos lleva al Puerto a buscar las cenizas en el mar del padre añorado y nos hace llorar con la muerte trágica que se lleva la juventud.Una novela urbana que Cali necesitaba. Que retoma con más bríos y un nuevo enfoque el legado de Viva la Música, ya demasiado manoseado y exprimido. Que nos presenta ese Cali pachanguero, pero soñador, que sigue intacto, invencible a pesar de tormentas y desatinos.Gracias Julián Chang por esta pequeña obra maestra, que ojalá se difunda por todos los rincones de este Valle y de esta ciudad que sigue, a pesar de todo, siendo “un sueño atravesado por un río”. PD: Un beso de despedida a Juan José Saavedra, el irrepetible, y un abrazo de bienvenida a Carlos Duque.

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