Un nueve de paz

Abril 09, 2013 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Primero lo primero, como decimos en Alcohólicos Anónimos. Y no puedo iniciar esta columna sin agradecer el gesto generoso y lleno de sensibilidad social del gobernador Ubeimar Delgado, quien se comunicó e invitó a su despacho a Óscar, el padre del niño quemado un 7 de diciembre con un volador lanzado por algún borracho que habitaba y bebía en el tugurio vecino, en Buenaventura. Contrasta este gesto con el del Alcalde del puerto, quien como única ayuda, cuando se enteró de la noticia, envió una libra de sal, dos libras de arroz, una cobija y pare de contar, y hasta el momento no se ha comunicado con ningún miembro de esta familia.Óscar ya tiene una cuenta de ahorros: es la numero 180 558 348 del Banco de Bogotá. Está a su nombre, Óscar Díaz García. Los que deseen colaborar para que esta familia pueda, de nuevo, iniciar una vida digna, la que todo ser humano merece, pueden hacerle llegar sus contribuciones a esa cuenta. Óscar mientras tanto sigue al pie de la cuna. John Eider sigue vendado de pies a cabeza. El proceso será largo, y penoso. Un calvario… La mamá, en el puerto, Naye Rodríguez, celular 318 2079283.Cambiando de tema, este 9 de abril tiene que convertirse en un símbolo de paz. El 99% de los colombianos deseamos la Paz, así, con mayúsculas. Y así como aquel nefasto 9 de abril de 1948 significó el comienzo de una guerra fratricida que no ha terminado, nos merecemos que hoy se convierta en el día en que se respaldó el proceso de Paz.Tenemos que salir a la calle. Marchar vestidos de blanco, ondear la bandera blanca y respaldar los diálogos de La Habana, que constituyen una esperanza que cada vez se concreta más, para cesar de matarnos, odiarnos, polarizarnos y deshilacharnos el uno al otro, como lo hemos venido haciendo.Los que no salgan, los que se consideren incapaces de pasar por encima de sus rencores, sus odios, sus ambiciones personales y sus fanatismos, creo y lo sostengo, son unos apátridas, unos personajes non gratos, unos fanáticos que no merecen más que el rechazo de los millones que sí queremos que los diálogos lleguen a buen término.La Paz no es cuestión de partidos políticos, ni de gobiernos. Es un derecho de todos los colombianos. Un derecho inalienable… liberales, conservadores, verdes, amarillos, campesinos, empresarios, jóvenes, viejos, pobres, ricos, todos a marchar. Nos estamos jugando a Colombia. Esta vez Colombia tiene que ganar.Ningún expresidente, ningún gamonal político, ningún funcionario público, nadie absolutamente nadie se puede adueñar ni rotular con nombre propio este proceso. La Paz, repito, ya es un imperativo. Tienen que terminarse las minas quiebrapatas, los secuestros, las bombas, los falsos positivos, el asesinato vil de la población civil. Por otro lado también tiene que terminar semejante inequidad social como la que vivimos. No más seres humanos debajo del límite de la pobreza, no más trata de personas, no más violencia contra las mujeres, no más cuotas políticas en organismos de salud, no más discriminaciones sexuales ni étnicas. Todos somos iguales. Ningún credo religioso ni partido tiene derecho a torpedear este proceso.Los movimientos guerrilleros tienen el derecho de querer incorporarse a la democracia y debatirse en las urnas. El pueblo, que somos todos, veremos por quiénes queremos votar. La Paz no tiene dueño.¡Colombia, se llegó de nuevo la hora de marchar!

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad