Un libro perturbador

Mayo 07, 2013 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

“Para hacer el mal, el hombre ha de concebirlo antes  como el bien”, Alexander Solzhenitsin.Esta es la cita que el escritor alemán Arno Surminski pone al comienzo de su novela ‘Los pájaros de Auschwitz’, basada en la publicación de una revista científica en Viena sobre el ensayo ‘Observaciones acerca de la avifauna de Auschwitz’.El autor crea los personajes. El entorno es real. Repito, un libro perturbador que deberíamos quienes creemos en un proceso de paz y los que no también. Se trata de un guardián de la SS  en el campo de concentración, a quien por sus conocimientos sobre aves le encomiendan que, mientras asesinan millones de seres humanos en los hornos crematorios, estudie el comportamiento de pájaros, patos, cisnes, cornejas, gorriones y garzas  mientras Alemania ‘limpia’ de judíos a Europa. Es prohibido matar ningún ave. Por el contrario, al ‘enemigo’ hay que matarlo e incinerarlo. “Todo lo que se mata se arroja al fuego”. Esas son las órdenes que se cumplen sin chistar ni cuestionar nada.Curiosamente, un joven de Cracovia  que cae en una redada nazi se salva de morir porque el guardián que va a hacer el estudio ornitológico le encuentra debajo de su  camastro, en una de las barracas, una serie de dibujos sobre aves. El joven le cuenta que era estudiante de bellas artes y que su pasión son  el dibujo y la pintura. Que su meta es ser un gran artista. El SS convertido en investigador ordena que le autoricen salir en sus excursiones de observación con el recluso de Cracovia.Se inicia así una relación en la cual uno sabe que si le ordenan matar a su compañero lo haría sin pestañear y  el otro sabe que solo dibujando pájaros, embalsamándolos y acompañando a su carcelero prolongará su vida hasta que la guerra termine, si es que termina.Contrastan violentamente los ahorcamientos, los fusilamientos, los trenes que llegan a Bikenbau cargados de hombres, mujeres y niños que son conducidos a las ‘duchas’ después de que les han despojado de todo, de su dignidad, de su derecho a existir, para luego quedar convertidos en huesos calcinados que serán enterrados en enormes fosas comunes.Contraste desgarrador la libertad  de las aves que vuelan a otras regiones, la rapacidad de las cornejas por la carroña que sale de los hornos, la majestad de la naturaleza que permanece impávida ante las atrocidades humanas, el cambio de estaciones que se suceden sin percatarse de la muerte, la serenidad de los lagos que albergan cisnes y la insistencia de las garzas de construir sus nidos en torres de vigilancia o cerca a las chimeneas.Contraste grotesco las orquestas que tocan  en los campos de prisioneros cuando llega un personaje de visita, el amor por Bach, Beethoven, Chopin. Los carceleros que se conmueven hasta llorar, mientras a pocos metros un hombre ahorcado se mece en círculos, porque no ha habido tiempo para descolgarlo.“...Ya no quedan pájaros señor. Las aves de paso dan un rodeo para evitar el campo de concentración, las aves canoras se han extinguido, solo siguen viniendo las cornejas, en busca de carroña. Ya va siendo hora de que reine la paz...”.Pensemos que llegó la hora de mirarnos a los ojos, reconocernos en el otro. “No existe jamás el enemigo”. Son invenciones creadas para matarnos sin justificación. Y siempre en las guerras, ambos bandos  como dice Solzhenitsin, creen que están haciendo el bien y tienen la razón...PD. Bien por la bienal de danza. Lunar protuberante que no hubiera iniciado en noviembre con un homenaje a Gloria Castro, alma y nervio de Incolballet, gestora de esta institución que ha dedicado su vida a la enseñanza de esta disciplina. ¿Será que oscuros rencores personales son más fuertes que el reconocimiento a esta mujer bandera? Algo flota entre el agua. Abramos los ojos. No queremos en Cali más gatos por liebres.

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