Un foro para no olvidar

Septiembre 06, 2011 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Precisamente para no olvidar, porque se trata del Foro sobre el Alzheimer que se realizó en Cali el fin de semana pasado en la Biblioteca Departamental, reventando auditorio. Conferencistas españoles y médicos colombianos de primera, testimonios de cuidadores de pacientes que padecen esta trágica enfermedad.Quiero destacar la intervención del médico Martín Vergara Rengifo sobre la importancia de los cuidadores, nombre que reciben esos hombre y mujeres que se dedican a velar por la calidad de vida del paciente de Alzheimer, muchos de ellos porque escogen ese trabajo delicado y se entregan con toda el alma; otros, porque que les llega de sorpresa, simplemente porque es un familiar cercano el que paulatinamente cae en este abismo sin fondo. Se trata de personas que no están preparadas psicológicamente para este hachazo del la vida.De repente, el entorno cambia dramáticamente: el enfermo en sus comienzos no presenta signos muy evidentes, los familiares creen que ‘se las están montando’. Los episodios de paranoia en que afirman que les están robando, el dejar la estufa encendida, el no saber en qué parte de la casa están, el olvidar si ya se duchó, y el repetir que no les han dado el almuerzo, son signos ya evidentes, pero que todavía desconciertan a su familia. Generalmente la responsabilidad recae sobre uno de los familiares: el que tiene más tiempo, el ‘rescatador’, la solterona o la viuda, en fin. Y él o ella empieza a creer que su vida ya no le pertenece, que se terminó porque está atrapada en su relación con el enfermo.Al comienzo existe negación y culpa, la familia no acepta, no quiere ver que su ser querido camina inexorablemente hacia la ausencia negra de la mente. El paciente en sus primeros estadios se angustia, sabe que algo le sucede y sufre. No entiende qué le pasa, quiere seguir su vida normal y lucha para no perder su autonomía.El doctor Vergara explica cómo, ante el crecimiento aterrador de los casos de Alzheimer, los servidores públicos no están preparados para enfrentar estas enfermedades largas, costosas y duras, ni tampoco tienen las herramientas para capacitar adecuadamente a los cuidadores, sean familiares o no, lo que redunda en un desgaste emocional y psicológico de ellos, y en el manejo, muchas veces no adecuado del enfermo.Pero lo importante, afirma, es “que se puede aprender a cuidar y se puede enseñar a cuidar, rompiendo el mito de cursos larguísimos y costosos, rompiendo el mito de los diplomas”. Cuidador es el que cuida bien, pero para algunas personas, esto es imposible, dependiendo de su estructura emocional. Muchos cuidadores caen en la irritabilidad, la depresión, la angustia, transfiriendo sus estados al paciente, con esos riesgos de ‘el poder y la seducción’, tanto de parte del cuidador como de el enfermo.Muchas aproximaciones científicas, cuadros estadísticos y dictámenes basados en la teoría generan desesperanza. Las cifras no tienen corazón, y lo único que jamás se puede perder, ni quitarle a nadie, es la esperanza. Por eso el cuidador debe, en primer lugar, dar amor y ternura, observar con compasión y saber leer entre líneas las necesidades de aquellos que ya no pueden explicarlas.Nos cuenta Vergara sus experiencias con enfermos y familiares en los pueblos del Valle. Nos dice que una visita vale más que mil libros. Nos acerca a la enfermedad desde el corazón.Gracias Jacqueline Arabia, ojalá varios cientos de vallecaucanos se acerquen a la Fundación Alzheimer para aprender. Ojalá los foros se repitieran con frecuencia. Una mano que toca otra mano con amor, sana más que cualquier medicina.

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