Tobi

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A Hernando Domínguez Borrero. In MemoriamAgarraba dos gallinas. Las miraba fijamente, con...

Tobi

Abril 05, 2016 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

A Hernando Domínguez Borrero. In MemoriamAgarraba dos gallinas. Las miraba fijamente, con esos ojos penetrantes y negros como el chambimbe. Nos sentaba en círculo y nos mostraba cómo las hipnotizaba. Las gallinas permanecían inmóvile, con ojos cerrados hasta que les ordenaba correr por el jardín.Poco después de la explosión de Cali un 7 de agosto, se apareció con un pie momificado, huesudo, tenebroso. Lo guardaba como un tesoro en su habitación y sólo lo mostraba en ocasiones especiales cuando consideraba que éramos merecedores de mirar aterrorizados su trofeo. Nunca supimos si era de verdad. Pie explosionado por la dinamita o sustraído de la clase de anatomía del colegio.A las niñas lejos aún de la adolescencia nos convenció de preguntar a cada papá, en el comedor a la hora de la comida, el significado de la palabra ‘espermatozoide’. Jamás la habíamos escuchado y creyendo que se trataba de una especie de planta, cada una en su casa hizo la pregunta de rigor. Los papás se cayeron de espaldas, y las niñas quedamos castigadas tres días sin columpio de vuelo y sin entender el porqué de semejante regaño. La vigilancia cuando nos visitaban ‘los muchachos’ a las casas de veraneo se intensificó.Estaban de moda las historietas de La Pequeña Lulú. Cada semana nos rapábamos la revista entre gritos, arañazos y jaladas de pelo. Y como el líder, hipnotizador de gallinas y poseedor del ‘pie’ tenía la nariz respingada, era glotón y jamás se quitaba una gorra marinera, lo bautizamos Tobi, héroe de la historieta. Yo me pedí ser Lulú. La bruja Ágata cacle cacle. Anita. Chela y el resto de su patota, los repartimos entre el grupo. Al comienzo formábamos bandos. Los niños en uno, las niñas en otro. Hacíamos competencias haciendo galopar los caballos por Saladito, San Miguel, Las Nieves, Felidia, el Diamante. O en el columpio de vuelo al que ganara en número de cusqueñas o margariteñas o se enrollara más alto en el palo. Tobi desbocaba a Ramona y nos dejaba tirados.Cuando llegó la adolescencia y nos dedicamos a oír los boleros de Los Panchos y a suspirar, Tobi inmediatamente nos invitaba a tomar chocolate a su casa y en silencio aprender a escuchar Carmina Burana o discos de Schumann o Shubert, ante el desconcierto de la mayoría de la patota que lo que queríamos era volver a llorar con las rancheras de José Alfredo Jiménez.Infancia y adolescencia dirigidos por Tobi. Años y años trepados durante tres meses entre los bosques de niebla de San Antonio, Saladito, Las Nieves. Escondiéndonos en el atajo para asustar a los que venían atrás. Contar historias de espantos y fantasmas, descubrir culebras, colgarnos de algún bejuco, aprender a bailar el pasodoble, el bolero, el twist y el rock'n'roll. Sobra decir que jamás saliste a la pista de baile, te sentabas a mirarnos con sonrisa maliciosa.Grabar corazones en la tierra roja de los barrancos con las iniciales del que nos gustaba, escondernos a fumar helechos hasta quedar verdes y mareados. Tobi siempre presente con su gorra azul de marinero y su nariz respingada, siempre ingenioso, poniéndole magia y misterio a todo lo imaginable. Dejándonos una huella indeleble, que ni el tiempo, ni los años lograron borrar.Los años han pasado más rápido de lo que pensábamos. Éramos eternos, inmortales. Éramos la Banda de Tobi y sus amigos. Pero como la vida se compone de recuerdos como escribió desde el corazón el sábado pasado su hermana Lucía, recuerdos eternos de los seres que se marchan antes que nosotros, y de esa sucesión de momentos felices, los que ya nos han dejado seguirán existiendo en nosotros hasta que de nuevo toda la Banda nos volvamos a encontrar tal vez en un círculo mirándote hipnotizar gallinas de otras galaxias o al galope en caballos alados. Seguirás siendo Tobi, nuestro líder, tomando chocolate cósmico, sentado en una nube escuchando la Carmina Burana o leyendo al escondido el Decamerón celestial.PD. Tobi, con seguridad te sorprendiste al mirar desde tu nueva dimensión esa multitud de amigos que asistió para despedirte. La tristeza por tu repentina partida. Tú que siempre fuiste íntimo, solitario, que hiciste tu vida al lado de Luz María, de tu música, tus libros, ajeno al devenir social y frívolo. Sí. A lo mejor solo te enteraste ese viernes en la misa, cómo marcaste huella. Irrepetible, especial, a tu manera. Te confieso que mi despedida, en llanto desolado, fue por Tobi, el amigo, el hipnotizador, el que desbocaba caballos, nos enseñaba palabras prohibidas y música sacra. La pequeña Lulú no se resigna a no verte más.

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