Terror, tradición y acción

Terror, tradición y acción

Febrero 18, 2013 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

El domingo estuve en Bogotá en la corrida - boutique de Mondoñedo en Puente Piedra, Subachoque; corridón para el recuerdo con toros de más de 500 kilos y tres matadores que se la jugaron: Paco Perlaza, Ramses y Gallo, el español. Corridón que complementó la tienta de Alhama en Suesca el sábado, abrebocas delicioso y de casta donde Venus y Luis Fernando Castro tentaron bravura de machos en una tarde de sol, suavizada por la brisa que mecía los eucaliptos. Al salir, un joven de ceño adusto impecablemente vestido de corbata y terno café, sin importar la lluvia que caía sobre la sabana al anochecer, con el sabor todavía de los olés, la música, el trapío y la bravura de los toros, los naturales de Gallo, Paco Perlaza y el temple de Ramsés, me entregó una hoja esmaltada, impresa en amarillo y azul.La recibí creyendo que se refería a algo relacionado con la fiesta brava. La guardé como pude en la cartera, abrí el carro ya chorreando agua y regresé a Bogotá despacio y aguzando los ojos sobre ese asfalto mojado y oscuro, cargada de paciencia ante el trancón y recordando pases y embestidas. Cuando llegué a tierra firme saqué la hoja. Horror y temblor en la columna vertebral. Un frío interno me estremeció.Un panfleto, costoso, encabezado en letras doradas por el título ‘Tradición y Acción’, nombre de una sociedad, me imagino, descendiente de la inquisición.Transcribo textualmente: “El presidente Juan Manuel Santos nos quiere imponer una nación diseñada por los subversivos. Esto significa la rendición de 44 millones de colombianos a la voluntad de un grupo minúsculo de delincuentes”. Más adelante: “Mientras la paz que todos anhelamos es un fruto sagrado de la justicia, y se obtiene en un contexto de profundo respeto por la tradición, la familia y la propiedad, los guerrilleros son movidos por el odio que la doctrina marxista profesa contra esos valores sagrados de la Civilización Cristiana. “Lo que quieren es someter la sociedad, dominar a las personas y a las instituciones e imponer por la fuerza un régimen anarco-comunista...”. Broche de oro al final: “Como católicos nos dirigimos a la augusta presencia de Nuestra Señora de Chiquinquirá y le suplicamos que nuestra patria no sea demolida, por una minoría marxista que ahora con el beneplácito del Gobierno pretende imponernos su tiranía...”.Me tomé un sanax para poder dormir. No podía creer que a estas alturas del Siglo XXI, todavía existan esos movimientos fascistoides de extrema derecha amparados por la palabra de Dios y, me imagino, del Procurador... Ya no meto al Papa que se retiró asqueado de tanta corrupción y fariseísmo clerical.Son precisamente esas ‘sociedades’ las que impulsan la violencia y la polarización como la que desencadenó la violencia partidista goda hace ya más de 60 años, que no ha cesado. No ha bastado más de medio siglo de sangre y terror. No. Se toma de nuevo la bandera cristiana para impedir la paz. Para dar la batalla de la estrechez mental, la de cavernar, de impedir a toda costa la reconciliación y la reparación a víctimas y desplazados. Una especie de ‘cruzada’ fascista contra todo lo que suene a diálogo. Una cruzada para seguir la guerra. Y además qué importa si los integrantes de estos movimientos cavernarios son hijitos de papi, con fincas, propiedades, Blackberrys y acciones en bolsas y clubes. Y los muerticos siguen siendo los campesinos, los que no tienen nada qué perder, porque desde que nacieron lo perdieron todo. Ojo. En esos niñatos, en esos señoritos, en esos curuchupas, en esos aspirantes a procuradorcitos se esconde el poder implacable, poderoso de la ultraderecha, ya sabemos liderada por quiénes. Respaldemos los diálogos de paz. Unámonos en torno a la paz. Todos somos culpables de esta guerra, todos tenemos que jugárnosla por la paz. No más panfletos de este estilo guerrerista. ¡No a la polarización!

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