Te lo prometo

Agosto 09, 2011 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

En dónde, no sé, cuándo, tampoco, en una galaxia, o en una nube rosada, en otro planeta. En eso que nos imaginamos cielo. La verdad es que tampoco sé si realmente existe otra vida o si la esperanza en ella es la que nos da la fuerza para no enloquecer ante la muerte demente que arrasa en el instante menos pensado, y cuando le da la gana, con todo. Que nos arranca sin prevenirnos parte de nosotros mismos, con hachazos fríos e inmisericordes.Pero te prometo que si no existe nada, me lo invento, y nos vamos a volver a encontrar. Así como nos encontramos muy pequeñas, y quedamos unidas como hermanas-siamesas, con un nudo más fuerte que la amistad. Tampoco sé si existe eso que llaman almas gemelas, porque nuestras vidas tomaron diferentes rumbos, la tuya siempre clara y serena, la mía errática y confusa. Sin embargo siempre estuvimos amarradas de alma. Tu hermana y mi hermana, tú y yo… cuatro personas que éramos una sola. Y aunque te hayas adelantado, porque la muerte te empujó derribándote como a un árbol que parte un rayo, seguimos juntas.Te prometo que volveremos a montar en todos los columpios de vuelo, llegando hasta el tope con cusqueñas y margariteñas. Te prometo que volveremos a presentar las comedias con el pendón incrustado en el corredor donde decía “vivan nuestras madres” y que tú volverás a salir de virgen sin haberte limpiado el bigote del gato con botas. Y yo volveré a cantar la zarzamora y a recitar rinrín renacuajo. Y volveremos a dejar los juegos de Tarzán, para cerrar los ojos en las sillas de mimbre gastadas por el tiempo a escuchar Los Panchos, y empezaremos a soñar de nuevo con el amor romántico que nos hará felices para siempre, esperando ese príncipe azul que imaginábamos real. Y organizaremos festivales para “los niños pobres conservadores”, pidiéndole centavos a los grandes que nos miraban complacientes.Volveremos a estudiar juntas, a montar caballos famélicos que veíamos como fieros centauros, y le pondremos más agua a la olla para que el sancocho creciera. Tita se bajará del caballo a recoger la ensalada de zanahoria, elevaremos cometas, Margarita volverá a rehusar hacer el papel del “enemigo malo”.Haremos otra vez chocolatadas y jugaremos fútbol con el queso rojo. Me volverás a espiar dándome mi primer beso por el agujero del cuarto de la plancha y aprenderemos de nuevo a saltar al compás del rock and roll, con los zapatos combinados. La niebla de San Antonio nos volverá a cubrir para contarnos cuentos de fantasmas, y por el atajo encontraremos la patasola, rodearemos las culebras con alcohol y prenderemos los fósforos. Te quitarán de nuevo el nuche que se te metió por estar trepada en el árbol de guayaba. Y te volverás a tusar la cabeza para escandalizar a las monjas, dejando que las moscas del refectorio del colegio se pasearan sobre ella.Te lo prometo. Con tus hijos, con los míos, con los de Tita y Margarita, nos volveremos a reunir. La nube tendrá que ser muy grande porque estará llena de tus amigos que no toleran pensar que la muerte demente te empujó, y quieren volverte a ver. Seguiremos contando historias, barajando recuerdos, riéndonos, abrazándonos, porque todos tenemos que seguir contándote muchas cosas. Por ahora sólo nos queda empezar a buscarte, porque, ni te lo sueñes, no te vamos a dejar marchar, querida Cuji.

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