También fueron niños

También fueron niños

Noviembre 22, 2016 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Sus caras surcadas de arrugas. Algunos con la mirada perdida, tal vez sumidos en sus recuerdos, tal vez no recordando nada. Otros permanecen en sus camas, casi en posición fetal, como buscando ese útero perdido para siempre. La mayoría en silencio, que solo rompe cuando alguien llega sorpresivamente de visita. Se levantan los que todavía pueden y aplauden y sus ojos brillan un instante. Sonrisas de alegría o sorpresa, o reflejos ya aprendidos.Hombres y mujeres reunidos en torno al amor de una mujer que decidió darles un hogar, cuidarlos, alimentarlos y quererlos como sus niños. Sus niños ya al final de su peregrinar por esta tierra. Abandonados por sus familiares, pero rescatados por el amor.La primera vez que los visite, ya hace muchos años, algunos tenían como único alimento un tetero con agua de panela. O un trozo de pan mojado en agua. Muchos dormían en colchonetas a ras de suelo. Solo la sonrisa y el cariño de esa mujer, esa sonrisa y ese calor humano, les recordaba que estaban vivos y que alguien los amaba.Desde esa primera vez, muchos ya no están, pero pasaron sus últimos años rodeados de cariño y cuidados. Anabeiba Lasso los llora como se llora un hijo. Son su vida y su razón de existir, desde ese lejano día en el que trabajando en el HUV se dio cuenta que habían dejado un anciano tirado en la calle, sin documentos, para que se muriera como un perro y ella lo recogió y se lo llevó para su casa. Ahora son más de cien. Tienen sus camas. su espacioy están rodeados de amor.Cuando veo esos rostros acartonados y esos cuerpos ya frágiles no dejo de pensar que ellos también fueron niños. Balbucearon sus primeras palabras, dieron sus primeros pasitos, a lo mejor con el aplauso de sus mayores, la mamá o la abuela los tuvieron en su regazo, aprendieron las primeras letras, esperaron impacientes al Niño Dios crecieron, cometieron travesuras, trabajaron, amaron, tuvieron hijos, ilusiones, desencantos, pasiones y tristezas. Cada uno es un libro, cada uno tiene dentro una historia irrepetible que ya no pueden compartir.¿Cuántos de ellos y ellas fueron víctimas de la violencia? ¿Cuántos se vieron obligados a desplazarse para salvar la vida? ¿Cuántos recibieron amor o maltrato en sus hogares? ¿Tuvieron momentos felices? ¿Entregaron sus mejores años a un trabajo duro y mal pagado? ¿Cuáles fueron sus intereses? ¿Se agotaron tratando de que sus hijos pudieran tener una vida mejor? ¿Cuántos hijos parieron esas mujeres ahora destentadas y encogidas? ¿En qué campos o barrios les toco trabajar para sostener su descendencia? ¿Fueron violadas? ¿Amadas?¿Quién los abandono? ¿Por qué sus familiares se vieron abocados a dejarlos en la calle para que se murieran? ¿En qué momento dejaron de existir, para el mundo de los vivos? ¿Fueron los propios hijos los que les arrancaron su identidad? ¿Qué les habría sucedido si Anabeiba Lasso no existiera? ¿Estarían amontonados en una fosa común?Gracias a ella y su Fundación para el Anciano Abandonado estos seres reciben amor, compañía, ternura. Sonríen y a veces, por qué no, coquetean con la dama de al lado, a veces bailan, juegan, leen o reposan. Sus vidas discurren con dignidad. Son una gran familia, porque Anabeiba y su familia los quieren y los cuidan. Son sus niños, los de esa infancia lejana y perdida en los tiempos, recuperada al final del camino, rescatados de la soledad y el abandono por el amor.Los visité el sábado pasado. Siempre responden a una sonrisa o una caricia, siempre impecables, limpios, perdidos en sus recuerdos, pero confiados, como niños.Anabeiba Lasso, ¡gracias por existir!PD Comparto su dirección y teléfono, por si alguien quiere visitarlos y ser testigos de lo que logra el amor. Fundación para el Anciano Abandonado. Calle 91A No 26P-47. Barrio Alfonso Bonilla Aragón. Tel 448 3631

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