¿Servirá de algo?

¿Servirá de algo?

Junio 25, 2013 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Esto es lo que me pregunto al leer que el presidente Santos viajará mañana miércoles a Buenaventura a presidir un Consejo de Seguridad. Hace ya varios años estuve en un foro organizado por este diario en el Puerto, días después de la catástrofe de la avalancha de Bendiciones. El ex Ubérrimo, el ex de Transporte, el ex gobernador Angelino y otros personajes, sentados en su tarima, mondos y lirondos, prometiendo esta vida y la otra.El Ex Ubérrimo señaló con el dedo a los exministros de turno y les ordenó con su voz de arrear mulas, que en “el término de la distancia” se encargaran de solucionar el problema de las viviendas, el desempleo, la doble calzada, retirar los escombros, limpiar el Puerto de basuras y de narcos y prometió dejar todo como una tacita de plata. En medio de las peroratas veintijulieras y las órdenes a dedo limpio, recuerdo que también señaló a un funcionario, que de la tarima pasó a la cárcel pues el Ex Ubérrimo decidió que estaba condenado por no se qué. Angelino comía espaguetis con cuchara, mientras los demás los enrollaban no sin dificultad en el tenedor, mientras salían de nosotros la audiencia con un pedazo de pan frío que semejaba un sánduche porque tenía una tira de queso dentro.Estuve en Buenaventura el lunes 18. Quedé estremecida. Con la excepción del hotel Estación, el centro de la ciudad hiede, porque no puedo decir huele a sangre, a muerte, a miedo. Se mezclan estos olores del alma con los de las basuras, las no alcantarillas, el pescado pasado, la gasolina, los vapores de pegantes. Las calles son una mezcla de desperdicios y tierra con algunos retazos de cemento.Mientras acompañábamos a una familia a comprar unas redes para pescar, enfrente un carro desvencijado, verde óxido, parqueado con dos individuos, uno dentro y otro recostado en la puerta que nos miraba, prácticamente midiéndonos cada movimiento. Tatuaje y cadenas. Y no era el único. Cualquier recorrido pesaba en la espalda como si miles de ojos invisibles nos siguieran.No puedo describir la miseria y el abandono de nuestro único Puerto sobre el Pacífico. No tengo palabras. Pero llevo las sensaciones yo también tatuadas en mi alma. La carretera estará lista el día de san blando que no tiene cuándo. Uno que otro trabajador rascándose lo que sea, maquinaria parada, tramos con desprendimiento de piedras, mejor dicho me río con espanto de lo que va a significar el TLC con el Pacífico.Ojalá esta visita del Presidente no se quede en eso. El Puerto se está muriendo de pavor, de miseria, de mugre, de hambre, de abandono estatal. No son solo ‘Urabeños’, ni mafiosos, ni exparas, ni delincuentes comunes. Es el abandono del Estado y las mentiras que les han dicho desde hace décadas y décadas y si a esto sumamos los desplazados y la corrupción administrativa, pues ustedes lectores tendrán alguna conclusión.Por otro lado, familias, muchísimas, trabajadoras, entusiastas, deseosas de salir adelante, pero rodeadas por el desempleo, la desesperanza y el miedo. Ojalá esta visita no sea una más, como siempre para la foto.

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