Se acerca la niña

Julio 05, 2016 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Como afirma categórico Rodrigo Zamorano, la salida de los habitantes del jarillón no es negociable. Venimos con el cuento de sus riesgos desde hace varias décadas. Y todos los gobiernos municipales, con excepción de la administración Guerrero y la actual, habían jugado gambetas con el tema, prometiendo falsedades y tirándose la pelota.Mientras tanto familias enteras se asentaban. Al principio eran cambuches que se fueron convirtiendo en casas. Luego un marranito se transformó en una marranera de 800 animales; florecieron los negocios; se otorgaron títulos de propiedad ilegales, y fue creciendo la audiencia como en el poema de Zalamea.Al comienzo tímidas hormigas arrieras iniciaron sus túneles. Actualmente millones de millones tiene socavado el jarillón. Todas las aguas servidas y los deshechos humanos y orgánicos van directamente al río Cauca. Casi nueve mil familias tienen que salir de allí. Porque no pueden seguir poniendo en riesgo con artimañas y alcahueterías de abogaduchos serrucheros, a más de dos millones y medio de habitantes. Punto.La culpa no la tienen los que viven en esta franja que protege a Cali del río. La culpa no la tiene el río. La culpa la tienen los gobernantes que fueron autorizando y haciéndose los de la vista gorda a este asentamiento humano que fue adquiriendo dimensiones monstruosas e inmanejables.Llorar sobre este desastre no soluciona nada. Culpar tampoco. Es una realidad. Y si llega a romperse el jarillón, Cali, la tercera ciudad de Colombia, se acaba. La famosa explosión del siete de agosto se convertiría en una anécdota para contársela a los niños para que duerman tranquilos.Todos los caleños, de todas las condiciones sociales, económicas, creencias políticas y género tenemos la obligación de apoyar al alcalde Maurice Armitage en esta decisión. La Gobernación y el Departamento también tienen la obligación de ayudar a hacer algo, como lo tienen el Gobierno Central, con todo su gabinete, y el país.La sobrepoblación del jarillón se debe en gran parte al conflicto armado. Y al accionar de la guerrilla, del paramilitarismo y de las Fuerzas Armadas con los falsos positivos. O sea, todos tenemos velas en este entierro, de alguna forma u otra. Si Cali se inunda se acaba .Y si se acaba, se acaba el Valle y toda la mercancía que llega a Colombia desde el Pacífico.Una tragedia anunciada, requete anunciada, se avecina. Se acerca la Niña y con ella las crecidas súbitas de los ríos serán impredecibles, y arrasarán con todo lo que no está protegido.Ya París se vio con el agua al cuello. Y nadie los puede culpar de imprevisión. La naturaleza es impredecible y La Niña llegará imparable, golpeando un jarillón carcomido, socavado, frágil del cual dependen Cali, el Valle y Colombia entera.No hay disculpas. Se llegó el momento. Todos podemos ayudar. ¡Y Cali y el Valle lo hacen bien!***PD. Un poco desobligante y no muy de acorde a la realidad de la ciudad una columna anterior de mi amiga y colega María Elvira Bonilla. La invito a quedarse más tiempo en su ciudad natal para que se pueda llevar una visión más objetiva.

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