San Miguel y el apóstol Guillermo

Agosto 14, 2012 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Cuando me enteré sentí frío en los huesos y en el corazón. Guillermo Zapata había renunciado a la dirección del Hospital Ancianato San Miguel. El escalofrío se convirtió en indignación cuando me contaron que había sido reemplazado por el antiguo director del Hospital Psiquiátrico San Isidro, de cuyo nombre prefiero no acordarme, que se dio el lujo de arruinar, desintegrar y deshilachar el único centro de salud mental que tenemos en  Cali. Afortunadamente este individuo ya fue removido de su cargo. Lo injustificable es que se lo hubiera nombrado.Me entero que en el breve tiempo en la dirección de San Miguel, también logró desestabilizarlo y acabar con varios programas. Una joya, este innombrable. Pero no se trata de hablar del sujeto en esta columna.El doctor Guillermo Zapata le dedicó su vida, su amor, sus desvelos a estos hombres y mujeres abandonados por la sociedad, los familiares, los amigos. Logró que San Miguel se convirtiera en un verdadero hogar. Huertas, viejoteca, biblioteca, trabajos manuales, jardinería, consultorio odontológico. Espacios amplios, impecables, zonas verdes llenas de flores, bancas para recibir la brisa del atardecer. Cuidadores dedicados. Amor. Mucho amor.Años y años de luchar el día a día. De pelear contra alcaldes corruptos e insensibles, que jamás adecuaron el presupuesto necesario para su mantenimiento. Cuántas veces lo vi saltar matojos para que sus ancianos pudieran tener comida digna. Para que el alcalde de turno o su secretario de Salud lo recibieran y le dieran una audiencia como si fuera un favor. Meses de angustia infinita esperando ‘la partida’ oficial. Mendigando lo que en estricta justicia le compete al Municipio, como una prioridad. Inclusive para enterrar a los que partían, tuvo que ingeniarselas peleando contra la curia, dueña de los muertos, que se lucra a costa de ellos.Si me preguntan por un ser humano que más honda huella ha dejado en Cali, no dudaría en responder que uno es sin duda Guillermo Zapata. Una labor callada, sin ostentaciones, diaria, continua, entregada al servicio de los más vulnerables. De cientos de hombres y mujeres que han pasado a través de tantos años en su camino final, por ese recinto. Que tuvieron la fortuna de tener a Guillermo en el timonel. Que se sintieron amados de nuevo. No simplemente pedazos de carne ajada y abandonada.Tampoco entiendo el silencio indiferente de esta ciudad, que solamente alaba a los que hacen alarde y mueven campanas. Estamos en mora de que la ciudad, con su Alcalde actual, le rindan a Guillermo Zapata el homenaje que se merece por su entrega apostólica e incondicional. Seres como él no solamente son escasos, sino irrepetibles. Entre tanto especímen repugnante, es esperanzador encontrarse con personas como él, luminosas y discretas. Pensó en la hermana Alba Estela también. La Fundación Alzheimer se ha ganado la medalla de oro. Guillermo Zapata, siempre discreto, sonriente, sabio, se ha vinculado para asesorarlos en el cuidado de los que ya perdieron no solamente la juventud sino la memoria. Lo único que esperamos ahora muchos caleños es que la dirección de San Miguel la ocupe un ser humano integro, quijote, luchador, honesto y entusiasta. No hay derecho que dejen esta institución para la cuota burocrática de cualquier chiflamicas depredador.Gracias Guillermo. Haces falta en San Miguel.

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