Sala de espera

Sala de espera

Noviembre 10, 2015 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Domingo. La clínica en silencio. Sus amplias salas vacías, como un gigantesco convento. Nada que ver con el ajetreo de la semana, en que pacientes, familiares, niños, ancianos, sillas de ruedas y camillas se mueven constantemente, como en un hormiguero gigante, zigzagueando hábilmente para no entrechocarse.Sin embargo, las salas de cirugía a ritmo febril. Tras esa tranquilidad aparente, tras las puertas de cristal, en el santuario de los bisturíes, la asepsia, los monitores, cirujanos, anestesistas, auxiliares, asistentes trabajan sin descanso atendiendo sin parar. No dan abasto.Acompaño a un hijo a un procedimiento quirúrgico. Se respetan cuidadosamente los turnos. La sala de espera, durante varias horas, se convierte en mi hogar. El tiempo se detiene. Las manillas del reloj acumulan segundos sin parar.Me traslado mentalmente al mundo de la infancia. Pienso en cuál fue el momento más importante de esos primeros años. Recuerdo: “Mi mamá me ama. Amo a mi mamá. Paco le toca la cola a la vaca. El enano bebe. C de casa. S de sol. P de papa. L de luna. E de estrellas”. ¡Visualizo la cartilla La Alegría de Leer! La que me abrió las puertas a horizontes infinitos, la que me enseñó a juntar las palabras. A formar frases, párrafos con historias y por último a leer de corrido cuentos, poemas, coplas, fábulas.Me dediqué, para desesperación de los mayores a repetir en voz alta cuanto letrero veía en la carretera, o en las calles, y si estaban alumbrados de noche con luces de neón las repetía más fuerte. ‘Pastas La Muñeca’. ‘Almacenes Ley’. ‘Postobón’. ‘Lotería del Valle’. ‘Casa Menotti’. ‘Calero Hermanos’.Luego fueron llegando los libros. ‘Heidi’. ‘La Cenicienta’. ‘La reina de las nieves’. ‘Pulgarcito’. ‘Blanca Nieves’. Los libritos gordos y dibujados con historias de vaqueros, ‘Supermán’, ‘El Fantasma’. Hasta coronar por muchos años ‘El Tesoro de la Juventud’. Tardes enteras inmersa en sus páginas, que me conducían a mundos diferentes, a comedias que con las amigas aprendíamos de memoria y luego las presentábamos disfrazadas ante nuestros padres.Ya en la adolescencia ‘Mujercitas’, ‘Nijisky’, ‘Corazón’, ‘La María’. Y posteriormente el descubrimiento de Simone de Beauvoir. Stendhal. Sweig. Dostoievski. Flaubert. Thomas Mann. Tolstoi. Freud. Hemingway. Neruda. En fin...No sé qué hubiera sido de mi vida sin la Alegría de Leer, que me inició en el mundo de los libros. Ese mundo que jamás he abandonado ni un solo día de mi vida. Una adicción de la cual no quiero salir jamás.Felicito a la Ministra de Cultura por su empeño en llevar la lectura a todos los niños de Colombia. Si en la infancia se descubre el mundo mágico de las palabras, este país dará un vuelco inimaginable.Vuelvo a la realidad. Las horas en la sala de espera amplia y silenciosa se fueron volando. La intervención quirúrgica, un éxito.‘El resto es silencio’, de Carla Guelfenbein, me acompañó todo el tiempo.¡Ayudemos a que todos los niños conozcan la alegría de leer!***PD. Exigimos la Verdad. Llevamos más de un siglo de mentiras oficiales. ¡No más!

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