Quito de luto

Diciembre 11, 2012 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Así se muerdan el codo los antitaurinos y aquellos que quieren imponer a machetazos las prohibiciones y se santiguan escandalizados porque algunos somos aficionados al arte de la tauromaquia, mientras les importa un pepino agredir, insultar, ejercer al máximo la intolerancia, mientras les importa un pepino doble y algunos, muchos, ejercen el sagrado derecho del maltrato a los niños y la violencia intrafamiliar, mientras les importa un pepino repepino irrespetar la ley, atragantarse de carnes rojas, de embutidos, de chicharrones, de pezuñas, les cuento que la prohibición de la Fiesta Brava acarrea más consecuencias que impedir que un toro de lidia muera en su ley.Desde hace años vengo a Quito para la Feria. Hace muchos más años compartí mi vida en Quito con Domingo Dominguín, quien además de intelectual y activista de izquierda, fue torero y empresario taurino, y hace muchísimos más años asisto a las corridas. Creo que desde que tengo uso de razón. Las llevo en la sangre. Me fascinan. Vibro con ellas. Y al que no le guste, pues allá él.Llegué a esta ciudad mágica, que no deja jamás de sorprenderme por su belleza, su luz siempre cambiante, su aire limpio, a sabiendas de que no habría feria taurina. Se celebran las famosas Fiestas de Quito. Desde los años 50, en que se inauguraron, toda la ciudad se prende con un estallido de alegría, colorido, serenatas a la ciudad, espectáculos pirotécnicos, desfiles. Difícil encontrar una ciudad que vibre más con sus fiestas. Este año, para espanto de los ciudadanos, la ciudad está muerta. El eje, quiéranlo o no admitir los enemigos que sabemos, eran las corridas de toros. Desde el Siglo XVIII, en las plazas Belmonte y Arenas, y posteriormente con la Feria de Jesús del Gran Poder desde comienzos de los años 60.Quito está de luto. No sólo la Afición. Son los cientos de personas que se ganaban el sustento para sus familias con las ventas de sombreros, carteras, banderillas de recuerdo, botas, fritangas, hornados, empanaditas de morocho, bandas callejeras, chivas, todos han desaparecido de la ciudad. El desempleo decembrino subió a márgenes insospechados. Hoteles, restaurantes, comederos-corrientazos, taxistas, mozos de espada, peones, acomodadores, taquilleros. El turismo, antes desenfrenado y alegre, brilla por su ausencia. Las protestas airadas contra Rafael Correa, el alcalde Barrera y le empresa Citotusa que suspendió la Feria de un día para otro, se escuchan en todas partes. Pancartas contra ‘La tiranía’, ‘La dictadura’, pidiendo la libertad, pululan.El pueblo está triste. Le quitaron a machetazo limpio su alegría. Porque no son sólo los que asistimos al coso taurino, son los festejos populares que se vieron afectados. Las pérdidas económicas en la ciudad se calculan en millones de dólares. El populismo es mal consejero y las cuerdas se rompen por lo más delgado... Mientras en Latacunga, Ambato y Riobamba suenan las palmas y los olés, Quito masca una rabia sorda. Se siente aislada en un gueto, por decreto real.Me imagino que a Petro, con su soberbia cubierta con la boina taurina, le importará un pepino que Bogotá pierda millones con su prohibición arbitraria y arrogante, al no arrendar la Santamaría. Al fin y al cabo, un pobre más, un desempleado más, son solo estadísticas. Lo importante es no mancharse sus deditos codiciosos, con sangre de toro.Afortunadamente en Cali habrá Feria. Alfredo Domínguez logró rescatar la Plaza y le cumplirá a la afición. Y para los que no siguen la ruta taurina, les cuento que los carteles están de primera. Bolívar, El Juli, Ferrera, Hermoso de Mendoza, el Fandi, Mora, Perlaza… el que quiera más que le piquen caña. Luchemos por la libertad. Por la Fiesta Brava. Que nuestra indiferencia no la deje morir.

VER COMENTARIOS
Columnistas