¡Que viva Noé!

¡Que viva Noé!

Septiembre 13, 2011 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Noé fue el precursor. Viendo que el invierno se avecinaba y que las inundaciones arrasarían con jarillones, pueblos, barrios, humanos y animales, decidió, hombre previsivo Noé, construir una gigantesca embarcación de madera de varios pisos y la llenó con una pareja de cada especie animal, incluido el hombre y la mujer, los animales depredadores por excelencia. Así pues, par de jirafas, par de cocodrilos, par de perros (no se sabe qué raza escogió), par de gatos (idem), para de bueyes, par de serpientes, par da gallinas, par de árboles, par de chefleras, par de palmas, y así logró trasladar a tierra seca lo que el Creador había inventado en siete días, o seis porque descansó uno.No estoy muy segura, o no recuerdo si Noé era discriminador o no. No recuerdo, repito, si había parejas de afrodescendientes, indios, pielrojas, asiáticos, esquimales, europeos árabes, criollos, chapetones, incas, filipinos, turcos; o si la seleccionada fue únicamente la tribu escogida por el Creador. Tampoco sé si admitió todas las religiones, por pareja, claro, y si las parejas Lgtb fueron incluidas. La Historia no precisa. Bueno, eso sería lo de menos, porque no existía en aquellas épocas le ley sobre discriminación. De lo contrario, Noé con Arca y todo hubiera terminado en La Picota.Fue precursor, pero miles de años después, más de dos mil, la técnica del Siglo XXI lo sobrepasó. Sobre todo en Colombia, país que merece destacarse por su enorme creatividad. Sus adelantos lo colocan a la cabeza de todos los países del primer, segundo y tercer mundo. Colombia se inventó el Arca moderna, con ruedas, que se desplaza a millón por carriles exclusivos, atiborra gente como si fueran sardinas en lata y los lleva, si no hay colisión de por medio, a su punto de destino.Ahora El Arca recibe nombres diversos. Transmilenio en la capital, y son rojas. En Cali, MÍO y son azules. Pero da igual, todas tienen que transportar obligatoriamente seres y animales. Novedoso experimento, por cuanto no hay olas embravecidas ni océanos de por medio. Sólo cintas asfálticas, con cráteres eso sí. Arcas diarias. A Noé sólo le tocó un viaje, cuando lanzó un chulo y no regresó, lanzó una paloma que se devolvió con una ramita de olivo en el pico. Ya existían las aceitunas.El Arca del Siglo XXI es más divertida. Hombres, mujeres, jóvenes, quinceañeras, ancianos y bebés compartirán el viaje con las demás criaturas del Señor: una boa en una caja de cartón, tres conejos mostrando los dientes, perros embozalados en sus respectivas jaulas; loros de colores gritando obscenidades, gallinas de patas blancas, un pavo real sin plumas; un narcotigrillo enfermo de diarrea, varios hamsters, gatos maullando, a lo mejor un pony recién nacido, dos cerditos desnutridos, una mascota murciélago, pulgas circenses en sus cajitas.Todos tan contentos. Los olores se amotinarán y nadie puede acusar a nadie de no haberse bañado ni untado desodorante. Los ancianos se resbalarán en las heces de los animalitos, pero no tendrán derecho a decir ni pío.El conductor respetuoso de las leyes, revisará certificados de vacunación, tamaño y procedencia de las diferentes especies. Las colas serán más largas que las del zoológico en día domingo pero todos tan contentos. El derecho a viajar lo tenemos todas las criaturas. Estamos mejor que con Noé que, egoísta, sólo admitió, por una sola vez, una parejita. En estas modernas arcas se admitirá de todo, y el que proteste o discrimine, ya sabe lo que le espera: ratas en una celda, sin derecho a pataleo. ¡Viva la civilización!

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