¿Qué pasa en el Aeropuerto?

Septiembre 21, 2010 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

No sé si todos lo viajeros al exterior que salen del Aeropuerto de Cali seamos una parranda de hampones o que una gran mayoría esté burlando a las autoridades. Lo que sí es inconcebible es el despelote y la multitud de requisas a que se ven sometidos los viajeros. No exagero: control de metales y maletines desparramados al chequear las maletas. Con derecho a chuzada de maletas sin ningún motivo y olida de perro. Control de metales y desparramada de maletines con olida de perro en la inmigración. Olida de perros y chequeada con tocata por todas partes antes de ingresar al avión, pasajeros a un lado y maletines de mano a otro lado. Olida de perro, maletín por maletín. Resultado: colas y trancones absurdos, que hacen materialmente imposible que los aviones cumplan con sus itinerarios. Pregunté el porqué de tanto control. Me respondieron con explicaciones dignas del más absoluto surrealismo. Unos son del DAS, otros de la Policía y otros de no sé qué organización. Total tres despatarradas de maletines, en que los encargados huelen las prendas íntimas, el tetero del bebé, sacuden los calzoncillos, meten el dedo en los cosméticos. Otros chuzan las maletas porque sí. Porque les da la gana. Tal vez porque sienten rabia de que no sean ellos los que viajen. Es absurdo. Indignante. No sé quién es el responsable del Aeropuerto de Cali. No sé quién imparte las órdenes de requisa. No sé por qué no tiene las máquinas adecuadas. No sé de dónde viene la sevicia en el esculque. No sé quién es responsable de semejante caos, desorganización, irrespeto al pasajero y despelote.Lo único que me queda en claro es que el Bonilla Aragón se convirtió en pasaje de drogas al mayor o que es un aeropuerto de quinta categoría, sin ninguna clase de confort o atención mínima al pasajero. Hoy el que se atreve a tomar un vuelo internacional, ya sea en razón de negocios, turismo u otra eventualidad, es tratado como sospechoso de los peores crímenes. Como un reo al que le falta sólo la condena final. Ya cuando el desgraciado pasajero logra sentarse en la silla del avión, ha sufrido casi dos horas de tratamiento indigno de cualquier ser humano. Ya es víctima de un estrés incurable, que se completará con diez horas de vuelo para arribar al destino convertido en un guiñapo humano que hay que recoger en ambulancia o con una cucharita. Los pasajeros merecen respeto. Las autoridades tiene el deber de chequear el tráfico de estupefacientes. Pero no tienen ningún derecho de tratar al viajero como si fuera delincuente. Cali merece respeto. El aeropuerto también. Lo que está sucediendo actualmente es una vergüenza. Ojalá el nuevo director de Aerocivil no haya recibido el puesto como premio de consolación por su reciente derrota en materia electoral. Ojalá, fuera de que le guste armar avioncitos de juguete se le mida con toda la energía y el carácter y el conocimiento a una de las instituciones más complejas del país. Y si quiere empezar bien, pues empiece por organizar el despelote del aeropuerto de su ciudad natal. Que, repito, es una vergüenza en cualquier parte del mundo. A ver qué hacen las autoridades respectivas sobre este problema. Cada entidad actúa por separado, compitiendo entre sí y sin ninguna coordinación. No sé a quién le corresponda este asunto. Pero lo que sí no puede seguir es lo que actualmente sucede. Esta clase de abusos no se pueden tolerar.P.D. Y como todo no puede ser negativo, destaco la magnífica atención de Avianca. Creo que en atención en vuelos internacionales está a la cabeza de las mejores aerolíneas del mundo. Un orgullo para mostrar.

VER COMENTARIOS
Columnistas