¡Para no creer!

Abril 03, 2017 - 11:55 p.m. Por: Aura Lucía Mera

A título personal, creo que la polarización se salió de madre. Los que marcharon odian a los que no marchamos. Los que no marchamos despreciamos a los que marcharon. En la marcha ningún mensaje fue positivo, de reconciliación o planteamiento de soluciones. No. Odio. Insultos. Rabia. Rabia desbordada, como dicen los psicólogos ‘anger displacement’.

Seguimos puyándonos unos a otros. Todo lo que no sea Centro Democrático se convirtió en ‘chavismo’. Todo lo que propone el Ubérrimo es ‘verdad sagrada’. Los corruptos somos ahora los que creemos en la Paz. Los inmaculados son los que están en contra de ella.

Esto no puede seguir así. Llevamos la violencia incrustada en los genes. Todo el que piensa diferente es sospechoso. La Paz se ha convertido en un campo minado de odios, resentimientos, intolerancia y oportunismo político.

Lo más patético y triste son algunos mensajes que he recibido de personas allegadas indignadas porque los medios de comunicación le dieron más importancia a la tragedia de Mocoa que a la marcha uribista.Esto ya raya en la demencia absoluta. Solo en mentes enfermas cabe el pensamiento de que esta catástrofe que alcanza casi los trecientos muertos, barrios desaparecidos, seres que están bajo las piedras, hombres y mujeres sin agua ni luz ni gas sean noticia de segunda, porque es más importante titular y mostrar las fotos de los marchantes.

¿Qué nos está sucediendo? ¿Cuáles son las frustraciones internas, las rabias reprimidas que se canalizan en un gran tubo de insultos y polarización? ¿Es acaso que somos incapaces a nivel individual de hacer un alto y mirarnos hacia dentro? ¿Cuál es el verdadero motivo de esta intolerancia generalizada y aberrante? ¿Realmente a quienes estamos agrediendo? ¿Por qué los Acuerdos de Paz dispararon esta ira interna?

Freud, si viviera, se sentiría en el paraíso. Actos fallidos, comportamientos pasivos agresivos, rabia desviada, frustraciones sexuales. Alguien dijo que este era un “país mal tirado”, y eso da mucha rabia. Ambiciones ocultas, duelos mal procesados, tantas cosas internas que al exteriorizarlas llevados de emociones inmediatistas se convierten en un detonante más peligroso que la dinamita con el fosforo encendido.

Me emocioné hasta las lágrimas de la reunión en el hotel Inter convocada por Luis Fernando Lenis a la que asistieron Pepe Mujica, Felipe González, el expresidente Samper, moderando el conversatorio Francisco Piedrahita, rector del Icesi, con la presencia de miembros de la cúpula de las Farc, autoridades eclesiásticas, exalcaldes, periodistas.

Me emocioné al estrechar las manos de ‘Calarca’, ‘Catatumbo’, ‘Márquez’. Mirarnos a los ojos. Entender de una vez por todas, y otra siempre, que lo que está en juego es el futuro inmediato y lejano de nuestro país, de todos nosotros, campesinos, empresarios, estudiantes, niños, todos hermanos de patria.

Todos tenemos responsabilidades. En Colombia, desde la Colonia no hay nadie exento de culpa. Tenemos que seguir dándonos la mano y mirándonos de frente para iniciar este camino donde todos podamos marchar en paz.

Como afirma Pepe Mujica: “El pasado nos sirve para no cometer los mismos errores, sino para atrevernos a cometer nuevos errores, pero seguir siempre adelante. Lo importante es volver a empezar, con amor, con trabajo, ayudando a crear una nueva sociedad. Por algo los humanos tenemos los ojos hacia adelante, el odio es un veneno que paraliza. Tenemos que ayudar a los demás a mirar hacia adelante. El odio ataca el sistema inmunológico de la vida...”.

“Hay que apostarle a la Paz posible”. Yo le apuesto. ¡Los invito a apostar!

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