Papaya en la Haya

Papaya en La Haya

Julio 10, 2017 - 11:40 p.m. Por: Aura Lucía Mera

Se rasgan las vestiduras los fariseos cuando el alcalde Armitage afirma que “no hay que dar papaya” y por ende le endilgan que no se está haciendo nada en materia de ‘seguridad’. No hay cosa más fácil que meterle la culpa al otro y generalizar. La culpa la tiene el Alcalde “por llorón”, porque dice que todavía en el Municipio existen cuevas de Alí Babá, porque está empeñado en hacer las cosas bien y a fondo y se topa con esos muros infranqueables de manditos medios, “esos hombrecitos grises” nombrados por presiones politiqueras y que se incrustan como rémoras y se vuelven intocables y paralizan lo que les da la gana en medio de la turbulencia burocrática arraigada en la Alcaldía desde épocas inmemoriales.

Me encantaron las respuestas del mandatario en la entrevista de El País el domingo. Honestas y claras frente a temas trascendentales como seguridad, transporte, infraestructura y compromiso social. Ninguna respuesta es ambigua ni trata de maquillar realidades. Se las canta claro a secretarios del despacho que andan escondiditos y con caritas de “yo no fui” y no dan la cara para respaldar sus funciones -“...Resulta que tengo un mundo de gente con aspiración de ser alcalde o representante a la Cámara o al Senado, se preocupan por ellos y no por la Alcaldía. Les voy a decir que se vayan a hacer campaña y me traigo a la Administración gente que se enfoque ciento por ciento en su trabajo”. Es una realidad vergonzosa pero es así. La desbandada comienza.

La verdad monda y lironda es que Armitage ha logrado reducir la corrupción y la anarquía a su mínima expresión, se la ha jugado toda, enfrenta chicharrones heredados de administraciones anteriores. Como es cierto que la seguridad depende de todos... Sí, de cada uno de nosotros.

Yo personalmente di papaya en La Haya, la ciudad más segura y civilizada del mundo y me robaron la billetera. Igual pasa en Madrid, donde desde la ventana de mi hotel que daba a los Jardines del Moro vi sin poder hacer nada cómo a una señora que bajaba por las escaleras desde el Parque a la Cuesta de San Vicente la trincaban dos hombres, la golpeaban, la dejaban tirada en medio de un charco de sangre y salían corriendo con su bolso. La Policía y la ambulancia llegaron después de que unos turistas la encontraron tirada y llamaron desde sus celulares y a recepción del hotel se percatara del suceso. Si en Manhattan, después de cierta hora se equivoca de calle y se mete al West, chupe de su cocinado, y hablo de upper Manhattan y no de Harlem.

He visitado las cámaras que vigilan la ciudad desde las instalaciones de la Policía. Alucinante el trabajo, el seguimiento, el trabajo coordinado con los Cuadrantes, la labor dispendiosa de hacer el seguimiento durante días y semanas a las pandillas delincuenciales para lograr agarrarlos en flagrancia.

Alcalde, me encanta que en su vocabulario no exista la palabra “renunciar”. Porque esa palabra no existe en su alma. Jamás ha renunciado a ser honesto. Jamás ha renunciado a sentir el dolor del otro ser humano, jamás ha renunciado a perdonar y dar nuevas oportunidades a los que le han agredido, jamás ha renunciado a su amor por Patricia su compañera de vida, jamás ha renunciado a los retos y desafíos que le ha puesto la vida, jamás ha renunciado a trabajar con pasión y pensar en el bienestar de sus trabajadores, jamás ha renunciado a luchar por la dignidad de los más vulnerables. Jamás renunciará a servirle a su ciudad sin ningún interés personal, cosa desconocida en Cali desde Sebastián de Belalcázar hasta la actualidad.

Siga haciendo lo que tenga que hacer, contra temporales, manipulaciones, posverdades y mentiras, resentimientos y politiquería. No pise la mierda, sáltesela y siga su caminar.

PD. ¡El órgano más importante del hombre es el hombro!

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