Palmaseca

Palmaseca

Enero 17, 2017 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Hace más de diez mil años los mastodontes se reunían cerca de los ríos Cauca, Fraile y Palmira. Abundantes aguas corrían cristalinas y la llanura extensa la habitaban hombres y mujeres pertenecientes a grupos cazadores-recolectores. Cuenta la historia que de repente, en épocas de invierno y lluvias permanentes, con el desbordamiento de los ríos y las ciénagas y humedales que quedaban en este valle, los mastodontes fueron desapareciendo paulatinamente porque se quedaban atascados.Lo mismo, a través de miles de años, esos cazadores-recolectores de vida sencilla y amable fueron reemplazados por los ‘sapiens’ que dejaron de ser nómadas cuando descubrieron el fuego y la agricultura y prefirieron asentarse en comunidades y repartirse los oficios.Lo demás ya lo sabemos: conquista desalmada, colonia, importación de africanos, esclavismo, latifundios, guerras por la tenencia de tierras y poder, y así hasta el sol de hoy; próximos a desaparecer como especie que no nos toleramos unos a otros y tenemos el botón nuclear a la mano.Pero mi cuento es otro. Palmaseca pasó de ser paraíso de mastodontes a ser el corregimiento más próspero del municipio de Palmira y uno de los más ricos del valle del Cauca.Como escribió hace algunos años Carlos Mejía Gómez, “un pequeño y pobre paraíso perdido...”.Dentro de su territorio operan el aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón, la Licorera del Valle, la Zona Franca, el Estadio del Deportivo Cali, Interaseo, entre otras. Inexplicablemente sus habitantes son tratados por el Departamento del Valle y el municipio de Palmira como habitantes de cuarta categoría.Me explico: un mal llamado puesto de salud al que visita un médico cada quince días para recetar acetaminofén, ya que carece de todas las necesidades para atender urgencias y enfermedades. Una iglesia abandonada por Dios y sus representantes en la tierra. Las mentiras del agua potable, que se convirtieron en promesas incumplidas teniendo que abastecerse de un aljibe donde ‘la tratan’, alcantarillado prácticamente inexistente. Educación mediocre. Desempleo.Sus casi cuatro mil habitantes son en su mayoría jóvenes o niños sin oportunidades y expuestos a la droga y otras actividades non sanctas.Afortunadamente con el nombramiento de Luz Amparo Zamora como presidenta de la Junta de Acción Comunal y con la colaboración de la hermana Palomo y otros líderes, ya el alcalde de Palmira les está poniendo atención y la Gobernación del Valle, idem.Luz Amparo es una líder innata. Su vida es un ejemplo de superación y entrega a los demás. Una sobreviviente de la inequidad y la marginación que a punta de tesón ha dedicado la mayor parte de su vida a tratar de ayudar a sus ‘panas’ para que no tengan que vivir las durísimas experiencias que ella vivió.Palmaseca se sacude. Tiene proyectos y exigencias. Entre otras cosas, poner a funcionar el polideportivo. Rescatar la Iglesia del abandono. Exigir mejores condiciones y atención médica en el puesto de salud, organizar un parque recreativo para los niños. Incentivar programas musicales, de danza y deportes. Exigir el acueducto. Pedir puestos y oportunidades de empleo para sus jóvenes que quieren trabajar ya sea en el aeropuerto, la Licorera, el estadio, la zona franca. Capacitar la formación de líderes.La Gobernación del Valle y la Alcaldía de Palmira tienen la obligación de retribuirle a este corregimiento todas las ganancias que genera para la región y ayudarlo a ser un corregimiento bandera y no olvidado ni relegado.Palmaseca tiene líderes y ganas de progresar. ¡Se llegó la hora de ayudarle!Sus habitantes no piensan quedarse atascados como los mastodontes. Son gente honesta, trabajadora y digna. ¡No más promesas sin cumplir!

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