Nostalgia

Nostalgia

Enero 29, 2018 - 11:40 p.m. Por: Aura Lucía Mera

Después de cuatro días frenéticos hablando sobre libros, escuchando autores, caminando bajo el sol para no llegar tarde al Conversatorio, saludando de lejos amigos que corren en dirección contraria, sentándome en el hall del hotel Santa Clara a ver pasar el desfile variopinto de intelectuales, mochileros, maniquíes a la última moda, personajes que jamás han leído pero quieren que los vean, periodistas, fotógrafos y libro-adictos, siento nostalgia de que el Hay Festival toque su fin.

Una cita que he cumplido sin fallar durante doce años. Todos los finales de enero tengo el compromiso sagrado con ‘yo’ de desconectarme por completo de toda la basura diaria que llueve sin cesar empapando las neuronas de mentiras, miedos, rabias y desgaste. Son días que limpian el alma, abren horizontes y renuevan esperanzas.

Me quedan las voces ya lejanas de Ian MacEwan, Phillipe Claudel, Baricco, Giordano, y regreso a Cali con los ecos de las recientes de Salman Rushdie que enloqueció la audiencia del Centro de Convenciones, el neurólogo Jordi Montero, Valter Hugo Mae, un escritor fuera de serie que escribe literatura infantil para adultos y rompe esquemas de mitos y dogmatismos de la niñez, sorprendiendo por su frescura, irreverencia y originalidad, el Big Bang en palabras del francés Christophe Galfard que nos aterriza en nuestra realidad de minúsculos seres insignificantes en la infinitud del cosmos.

Erling Kagge hablando de El Silencio, compartiendo su experiencia de caminar por el Polo Sur durante cincuenta días en solitario y escuchar el silencio de ese continente de hielo, para aprender a descubrir el silencio dentro de sí mismo y escuchar su voz interior en medio del bullicio.

Fiestas. Encuentros. Debates. Colas interminables para comprar libros. Reunirse alrededor de un helado, un café, un plato de espaguetis para hablar de libros, recomendar libros, denigrar de algunos libros, comprar libros, leer libros, subrayar libros, discutir sobre libros, una pasión compartida por miles de colombianos y extranjeros que se encuentran en el Corralito de Piedra en una especie de trance de letras.

Quedé fascinada, enamorada, hipnotizada por Erling y su ‘Silencio’ y Valter Hugo Mae y sus cuentos infantiles para adultos. Su inteligencia, su ironía, sus recuerdos de infancia llenos de realismo mágico, que ocultaba la pobreza y las carencias. “...Estuve feliz esas tres semanas en que toda la familia estaba en la dieta del arroz, cómo la goce; cuando crecí me contaron que era porque no teníamos nada más que comer...”.

Absurdo que el Premio Nobel Coetzee haya logrado dormir los cientos de espectadores del Centro de Convenciones, con su rigidez, su falta de empatía leyendo las respuestas. Qué oso. Absurdo que muchos entrevistadores se hayan ‘tirado’ literalmente los conversatorios con preguntas sin sentido, sacando pecho como si fueran los protagonistas, y las mismas preguntas sin sentido de algunos que o no entendieron nada o confundieron la charla con un consultorio médico o jamás le dieron a la protagonista el chance de contar su historia, como el entrevistador británico Luke Harding, quien puso a la cantante punk rusa que estuvo dos años en la cárcel por cantar en una catedral, a discutir sobre política internacional. La gente se salió. Les sugiero, comedidamente a Hassan Nassar y a Rodrigo Pardo, entre otros, guardar sus conocimientos para otras ocasiones y ceder la palabra al interlocutor.

Felicitaciones a todo el equipo organizador del Hay Festival. Se lucieron.

VER COMENTARIOS
Columnistas