Nobel católico

Octubre 25, 2016 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Al fin la Iglesia Católica se pronunció. En términos taurinos, ejecutando una elegante ‘larga cambiada’ y así mostrar, una vez más, su maestría en lidiar situaciones de riesgo y compromiso, ante el enemigo torvo peligroso y sin casta de la polarización nacional.Concede el Premio Lámpara de la Paz, equivalente al Nobel católico, al presidente Juan Manuel Santos por su empeño, dedicación y trabajo continuo durante varios años para lograr la paz en Colombia.Premio que se entrega muy de vez en cuando, después de análisis y estudios rigurosos sobre el tema, y por eso mismo es considerado como uno de los reconocimientos más importantes que otorga la Iglesia Católica, la ‘oficial’ y mayoritaria así la Constitución haya decidido que este es un país laico, permitiendo la metástasis de iglesias de garaje, que a punta de predicas, aplausos, cantos y otras argucias para captar masas y financiar los bolsillos de sus seguidores, se han convertido en el mejor negocio, ya que ni pagan impuestos, ni obedecen ninguna reglamentación.Ya monseñor Darío Monsalve se había pronunciado sobre el plebiscito, causando ampollas, críticas y escándalo por su reflexión sobre la importancia de apoyar estos acuerdos, para sembrar la semilla de la paz. Los altos jerarcas se aculillaron y prefirieron hacer mutis por el foro, y ante los resultados que llevan al filo de la navaja esta negociación, cuya consecuencia fue polarizar al país a extremos irracionales, le lanzó el capote, me imagino, a la Orden Franciscana, cuyo lema es precisamente “la difusión sobre la tierra y la misión de trabajar por la justicia y la paz, el perdón, la reconciliación y el amor”. “Señor, hazme un instrumento de tu Paz, que donde haya odio pueda sembrar amor”, como reza esa plegaria de San Francisco de Asís conocida universalmente aunque muy poco practicada, ni siquiera entre los más fanáticos de las misas dominicales, la comunión y hasta la confesión con propósito de la enmienda incluida.Ante el proselitismo, la desinformación ,y la tergiversación de mensajes de más iglesias y pastores de garajes estrechos y ambiciones anchas o sedes inmensas y amenazantes que predicaron que “con el Acuerdo esto se volvería Sodoma y Gomorra, se daría permiso al aborto indiscriminado y se acabarían los “valores morales” que tanto predican con amenazas de fuego eterno, pasándose por la faja la primera y más importante enseñanza de Jesús que fue la del amor y el perdón, el Catolicismo se puso las pilas saliendo al paso y escogiendo al presidente Juan Manuel Santos para este importantísimo Premio, por el significado intrínseco que conlleva: el apoyo irrestricto a su proyecto de Paz.La Iglesia Católica está consciente de la responsabilidad que tiene si, por ambiciones políticas, este Acuerdo se rompe. Si no se soluciona rápidamente este impasse absurdo y macondiano. No es poco lo que está en juego, se trata de la sangre que volverá a cubrir de rojo nuestra geografía. Y atención que en los pueblos más pobres y azotados por la violencia las iglesias sustitutas votaron por el Sí a diferencia de las que más se enriquecen a costa de sus seguidores.Me llama la atención que muchas personas con las que he conversado, en diferentes estratos y regiones, me han confesado su arrepentimiento al votar No, reconociendo que jamás se hubieran imaginado que este estrecho margen en los resultados pondría en semejante peligro su país. Los mismos jóvenes ahora invitan a marchar, quieren borrar un poco la culpa de sus conciencias por no haber acudido a tiempo a las urnas. La indiferencia de ‘los buenos’ siempre ha tenido consecuencias impredecibles. Ya no se puede llorar por la leche derramada... ni recogerla.

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