No nos metamos mentiras

Agosto 03, 2010 - 12:00 a.m. Por: Aura Lucía Mera

Verdad contundente. Después de los 60 si no “nos despierta algún dolor es que ya estamos muerto”. Hablaré en primera persona, pues no es de buena educación, en estos temas, hablar en plural.Generalmente abro los ojos cuando siento un leve calambre en uno de los dedos de los pies. Pies atropellados inmisericordemente por juanetes, ampollas y tal cual callosidad. Me volteo en la cama y me rechina una especie de ‘cric’ en alguna parte de la espalda. Al levantarme con los pelos verticales y los ojos abotagados, la boca seca, el fémur izquierdo se resiste a seguir el ritmo hasta que no se ‘calienta’. Me estiro y el ‘manguito rotador’ derecho reclama atención. Me quito el ‘paladar’ que evita los calambres de la quijada al bruxar durante la noche. Me limpio la cara de los sudores empapados en sueños y me coloco los lentes de contacto para no equivocarme y cepillarme los dientes con el cepillo del pelo.Salto a nadar para estirar el esqueleto. No es propiamente un dechado de firmeza la imagen que me devuelve el espejo, que por más que le suplique no me quiere mentir. Los antebrazos no tolerarían ya jamás una manga ‘sisa’. El abdomen después de cuatro hijos, ya a su turno medio calvos, no me permitiría jamás un bikini de esos de ‘Colombiamoda’, a propósito, quién se los pone… no sé… qué envidia. Las piernas que se debaten entre los hoyitos de celulitis y una imparable flacidez. El cuello no admite mucho examen. Trato de no fijarme en él.Asisto al masaje con láser, paños húmedos y calientes porque me da ‘gatera’. La masajista me dice que me voltee para bajarme de la camilla. Le contesto que así no puedo, que me duele la pierna. Trato de sentarme rápido para demostrar mi agilidad y ella me grita asustada “nunca se siente así… se puede torcer del todo”. Me coloca el pie en una especie de lazo para ahorcados, estira la pierna. Veo estrellas. Sudo. No me quejo. A través de la oración y la meditación procuro aumentar mi umbral del dolor. Salgo del masaje reparador y me tomo dos dólex fuertes masticados para que entren rápido al sistema. Algo de esto conozco. Me relajo, ya cae la tarde. Un día más. Triunfante.Me veo en la foto del decimosexto aniversario de graduación. No está mal. Peluquería. Maquillaje. Sonrisa bondadosa. Atuendo apropiado. Paso el examen. Pienso en un poco de bótox. Me da miedo. De pronto quedo en foto fija para siempre. Prefiero la pata de gallo. Pienso en los nietos. Qué alegría. Me duermo rogando para que mañana al alba, me vuelvan a doler los dedos del pie.***Posdata. A los y las que me acompañan en esta etapa de la vida, que a mí personalmente me encanta, les sugiero que se gocen todos los días. Que se hagan amigos de los dolores itinerantes, que se rían y que nunca olviden que ha sido un privilegio estar todavía en este planeta azul, donde todos los días sale el sol. Y a Oswaldo, el artista que nos plasmó en la foto, felicitaciones porque capturó un momento, para todas sagrado que quedará siempre en el corazón.

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